EL TRIBUNAL AMBIENTAL Y EL PROYECTO “CAMINO DE LA FRUTA”, EL OTRORA SUBSECRETARIO DEL MOP Y EL PUENTE EN CAHUIL
24/08/2013.

Sin que mediara la más mínima solicitud de un diputado ni senador de nuestra Región de O’Higgins –el ciudadano Sergio Reiss- logró paralizar el nuevo proyecto de la Carretera de la Fruta, la que desde décadas ha visto sobrepasada las “futuristas expectativas” de su uso que tuvieron entonces quienes la proyectaron y ejecutaron, trayendo –al margen de sus efectos positivos- una serie de secuelas negativas.

Así lo señala, en parte, el dictamen del Tribunal Ambiental, y que da cuenta una noticia que publica el diario El Rancagüino de ayer y que “pichilemunews” replica hoy.

Este dictamen sería impensable si este proyecto hubiera estado en vías de ser ejecutado por el MOP, cuando el Subsecretario de Obras Púbicas –Juan Carlos Latorre Carmona- actual diputado y que aspira nada menos que a convertirse, ahora, en Senador por nuestra región.

El mismo que apoyó a autoridades corruptas de nuestra comuna –Pichilemu- y que luego de ser condenado por la Justicia por el delito de cohecho, entre otros delitos, intervino abiertamente in situ para que ante el reemplazo del alcalde de Pichilemu, el próximo electo también fuera del PDC.

Y así ocurrió, pese a que como Concertación –hoy Nueva Mayoría- el acuerdo era votar por otra persona de sus filas; quien ante la actuación de Latorre ese concejal le dijo sus verdades, las mismas que fueron difundidas radialmente a la comunidad pichilemina.

¿Qué pasó?. Pues que el “nuevo delfín” y flamante alcalde de Pichilemu resultó en poco más de UN MES Y MEDIO, destituido por la Justicia, provocando una verdadera debacle en el municipio, aparte de la vergüenza nacional, de tener una seguidilla de personajes que desfilaron por el municipio pichilemino como alcaldes titulares, subrogantes, interinos, protocolares.  Todo por el apoyo y muñequeo característico del diputado Latorre.

Ahora bien, ¿a qué este recuerdo de estos negros hechos? Porque estando como Subsecretario de Obras Públicas, en el gobierno del Presidente Ricardo Lagos, actuó como “dictador, como tirano”.

Eso ocurrió cuando en representación de la comunidad de Cáhuil especialmente, entre otros sectores aledaños, nos pusimos al lado de las inquietudes de ésta que prefería que el actual Puente de Cahuil –que conecta a las comunas de Pichilemu y Paredones- a que la infraestructura se construyera en un lugar distinto al elegido.

En efecto, en una reunión en su despacho junto al alcalde Jorge Vargas (y protegido de siempre), concejales Aldo Polanco, Mariano Polanco (no recuerdo si fueron otros) y dos o tres funcionarios municipales de confianza del alcalde, más que el  que escribe estas líneas nos reunimos para expresarle la necesidad de revisar el proyecto por la serie de secuelas negativas que implicaría su construcción a menos de 200 metros de la línea de más alta marea; hecho que vulneraba la normativa para proyectos de esa envergadura, entre una serie de otras razones.

Todas las razones hechas llegar –por escrito y acompañado de miles de firmas- en ese tiempo a la Presidenta de la CONAMA, Ministro del MOP, entre muchos otros destinatarios.

Cabe precisar que en ninguna línea de los escritos –también enviado a S.E.- ni las autoridades de la comuna como la comunidad de Cáhuil se oponía a la construcción de un Puente, sino al lugar en que estaba proyectado.

En el fondo se cuestionaba que la opinión de la comunidad –autoridades y comunidad de los sectores aledaños- hecha saber a las autoridades nacionales mucho antes que se diseñara el Puente, no fuera considerada.

Siendo Ministro del MOP Ricardo Lagos y recorriendo los estragos de temporales, viendo el aislamiento de sectores rurales –de Paredones y de Pichilemu- se le expresó la inquietud de construir un embalse en el estero Nilahue para aprovechar las aguas lluvias -y no desaprovecharlas yéndose al mar- y sobre la cortina de este embalse pasar la “carretera de la costa” que impulsaba.

Las aguas que se pensaba acumular en el Embalse era, entre otros objetivos, para el uso humano principalmente, cosa que la empresa sanitaria de entonces NO TENÍA suficiente para abastecer a Pichilemu y a los sectores rurales (ni siquiera derechos de aguas constituidos), y para favorecer a los pequeños propietarios de terrenos de rulo y muy poco aptos para su cultivo.

Estas autoridades que se jactan de apoyar a las personas más pobres, más humildes, más desprotegidos como estos pequeños propietarios, proyectaron el Puente EN UN LUGAR DISTINTO, donde definitivamente se hizo “a troche y moche”, permitiendo a los propietarios del lado sur recibir millonarias indemnizaciones por la expropiación de sus terrenos, que previamente y en conocimiento (¿o no?) de lo que venía le cambiaron el uso del suelo, transformando terrenos de “poco rinde” en INMOBILIARIOS. A más de una década de aquello, el proyecto inmobiliario sigue en el papel. Acaso un par de viviendas.

Cabe señalar que una vez al menos, el Subsecretario Latorre “se cayó” en helicóptero justo en donde había un asado en la casa del propietario de ese lugar.

En tanto, en la reunión de la referencia en su despacho, éste negó conocer del proyecto inmobiliario. Con alzhéimer en ese momento tampoco recordó que en una entrevista en la revista regional “el alba” -casualmente de propiedad de una empresa del dueño de los terrenos al sur de Cáhuil- Latorre, como Subsecretario, hablaba de lo que se venía para la región. Casualmente, en la entrevista se hablaba del gran proyecto inmobiliario que se proyectaba en la localidad de Cáhuil. ¡¡Pura coincidencia!!

Ahí, antes de ir al tema de fondo, montó en cólera. Blandiendo el periódico “El Cóndor” de Santa Cruz –con un Comunicado de Prensa que envié a varios medios, donde exponía la inquietud de los habitantes por la ubicación proyectada del puente en  Cáhuil y de la “injusticia” con los montos que Vialidad estaba asignando por el m2 de terrenos a expropiar -8 mil y fracción para el lado sur (donde hacen asados, y menos de 300 pesos para los terrenos del lado norte); éste personero mostró su furia por las sospechas que dejábamos en evidencia.

Pero no fue solo eso, estaba muy molesto porque decíamos que no había cumplido con ir a reunirse con los salineros –personas que se dedican a cultivar y explotar la sal que producen con agua de mar- reconociendo que no pudo ir en la fecha acordada, pero que había enviado a un representante, el abogado Rodrigo Weissner. Y que no obstante a eso, se le acusaba de no cumplir con su palabra.

Cuando pudimos defendernos de su furia, le dijimos que el Comunicado de Prensa lo enviamos a varios medios de comunicación antes que se produjera la reunión. Y que, si salió publicado después que esta se concretó (la reunión) no era problema nuestro, pues ni siquiera teníamos la seguridad de que algún medio la publicara (cosa que se supone él también debería entender). De hecho ahí nos enteramos que “El Cóndor” lo publicó, pero varios días después de ser recepcionado.

Ahí pudimos constatar, también, que la publicación había caído no como un “ají”, sino como un verdadero misil ….    

En un momento, con un poquito más de aire, dijo: “Ahora, si ustedes me dicen que no quieren el Puente allí, yo me la juego; pero olvídense del puente …”; poniéndonos a todos en jaque. Y con esa advertencia y estando con la espada contra la pared, nadie quiso cargar con la responsabilidad “que el Puente no se hizo por la solicitud de quienes se lo pedíamos”, aunque no era esa la petición, sino que lo construyeran en otro lugar, más arriba.

CARRETERA DE LA FRUTA

Volviendo a la Carretera de la Fruta y al dictamen del Tribunal Ambiental, no me cabe dudas que estando el señor de la referencia “se habría hecho” tal cual como lo pretendían hacer ahora, sin considerar la opinión de la ciudadanía, como corresponde y como está establecido en el proceso de evaluación, según la Ley correspondiente.

Y si bien el dictamen no garantiza que el proyecto no se haga, que no es la idea, sino que se tomen diversas consideraciones técnicas, humanas, sociales, etcétera. En otras palabras, se reformule y –como lo ha dicho la Ministra del MOP, Loreto Silva- que “… actualizaremos los estudios de tráfico, para no tener sólo en cuenta el flujo de hora, sino que los del futuro, en función del paso fronterizo Las Leñas”.

Como se puede concluir, en el caso del Puente en Cáhuil –en que no se intentó ni siquiera de reestudiar el proyecto- ahora la disposición de las autoridades ha sido distinta. Sin la soberbia ni prepotencia que vimos en muchos en la otrora Concertación, hoy la Nueva Pillería.

El Puente de Cáhuil, entonces, está donde la soberbia y otras razones lo quisieron –más que de estudios y sentido común- porque si bien nadie discute la utilidad de su conectividad, no es el puente el que atrae al público y da vida comercial más constante a quienes viven de actividades asociadas al turismo en Càhuil.

El camino pavimentado –con o sin Puente- llegaría tarde o temprano a mejorar la calidad de vida de los habitantes del sector costero sur; tal como el año 1971 llegó el camino de tierra “hecho a puro ñeque y corazón” más maquinaria de Seam-Corfo conseguida por las autoridades comunales de la época.  

 

 

 

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