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Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Dr. Eduardo Sandoval Obando – 24.08.2022


Resulta preocupante que existan políticos y personajes públicos que caricaturizan a las personas que vivencian algún tipo de trastorno de salud mental. Se trata de un discurso paradójico e incomprensible en los tiempos actuales en que, como consecuencia de la pandemia, se ha observado un aumento importante de los trastornos relacionados con el estrés, la ansiedad y la depresión, además de las diversas alteraciones en los patrones de sueño y alimentación en las personas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) Chile se ubica entre los países con mayor carga de morbilidad por enfermedades psiquiátricas en el mundo. La depresión mayor y los trastornos por consumo de alcohol ocupan el primero y segundo lugar en las discapacidades atribuidas entre adultos, y casi un tercio de la población mayor de 15 años ha sufrido algún tipo de trastorno psiquiátrico a lo largo de su vida. Somos el segundo país de la OCDE que más ha aumentado su tasa de suicidios durante los últimos 15 años y es una de las diez primeras causas de muerte en varones chilenos.
Por tal motivo, Chile enfrenta múltiples desafíos en esta materia. Primero, nuestro país continúa presentando un déficit significativo en el financiamiento de la salud mental si se le compara con el promedio mundial. Segundo, la cobertura de atención en salud mental en Chile alcanza aproximadamente a no más de un 20% de la población, mientras que en países de medianos ingresos la cobertura llega a un 50%. Tercero, los sistemas orientados a la promoción, prevención y tratamiento de los trastornos mentales arrastran una sobrecarga importante, lo que impacta en el personal y en la calidad de la atención que se brinda, sumado al déficit de especialistas en salud mental disponibles en la red de salud. Cuarto, existe consenso respecto a que la pandemia provocará un aumento al mediano y largo plazo de los trastornos de salud mental (depresión, estrés y ansiedad) en los grupos de riesgo (niños/as y jóvenes, mujeres, personas mayores, personas en situación de discapacidad, migrantes, entre otros).
Por consiguiente, hago un llamado a la tolerancia cero con los discursos estigmatizadores en torno a las personas que vivencian trastornos de salud mental. Hoy más que nunca se requiere una sociedad que avance en el respeto y la comprensión de aquellos que experimentan este tipo de patologías. Debemos informarnos y educarnos acerca de esta realidad, para ser fuente de apoyo y orientación a quienes conviven con estas problemáticas. El sistema escolar, la sociedad civil y los medios de comunicación tienen un rol protagónico en la lucha contra la estigmatización y la discriminación de las personas con trastornos de salud mental. Se requiere un esfuerzo país para mejorar la calidad de vida de aquellos que sufren de alguna enfermedad mental, puesto que no sólo se trata de buscar mejores estrategias de prevención, tratamiento o sensibilización, sino de exigir que la sociedad propenda a la inclusión y la no discriminación de las personas por una condición de salud.

(*): Investigador asociado al Programa de Doctorado en Ciencias Sociales Universidad Autónoma de Chile


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