Miércoles, 29, Jun, 8:54 AM

Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: WSG - Don Antonio de Petrel (*) - 12.02.2022
- Del asombro a la vergüenza, ¿qué más nos traerá la otrora fortaleza construida a escasos metros del mar, que albergaba una fantástica y enhiesta construcción de estilo egipcio, con columnata y custodiada por dos esfingies en su acceso principal?
- A lo largo de décadas, la leyenda, el mito popular han rodeado aún más el -para muchos- enigmático lugar que dejaba interrogantes a cada uno que conociera -de oídas, por fotografías, crónicas o conocerla in situ o por el aire- incluidas “las palizas o encierros a la fuerza a hombres de mar en su calabozos”, como la Carta que enviara un alcalde de Pichilemu -en plena profundización de la reforma agraria- al Ministro de Agricultura Jacques Chonchol para que fuera destinada a un fin diferente, motivó la visita -en Abril de 1973- del Presidente Allende junto a “Coco” Paredes, en un helicóptero y los vestigios dejados de esa visita. Y mucho más ….

Tanto o más que el Faro de Topocalma -como también la Lobería cercana- nos provocaba en nuestra infancia, el saber de oídas de la existencia de una fabulosa Mansión veraniega, en la playa, en un fundo camino al faro. En menor grado, la Casa de los Leones, también a la orilla de la playa.
Fue con ocasión de un Campeonato Regional de Pesca de Orilla en la década de los '70, que fue programado en la playa de Tanumé que se concretó la visita al lugar, para cubrir el torneo para La Tercera, en calidad de Corresponsal del diario capitalino.
Mientras se efectuaba la jornada de pesca y de tomar algunas tomas de los deportistas, había que esperar varias horas para conocer los resultados y ganadores de la competencia. Ello nos dio tiempo para cumplir el segundo propósito (sino el primero): intentar conocer la construcción que tantas expectativas había creado al escuchar unas cuantas historias. En su mayoría de malas experiencias de buzos, pescadores y/o recolectores de algas que atinaban pasar por el lugar, algunos de los cuales habían tenido episodios que -los protagonistas- evitaban comentar. Quizás por muchas veces relatados o porque les hacía recordar las humillaciones y golpes recibidos, como días retenidos a la fuerza, acusados malamente de delitos inventados, según ellos ….
Ya en el viaje, el alcalde Eduardo Parraguez, como el Teniente de Carabineros Hernán Toro, nos informaban que -pese a estar al lado del mítico lugar, era difícil poder “entrar” a conocer la famosa y enigmática construcción; pues el permiso otorgado era para llegar hasta la playa y pescar. ¡Nada más!
Es por ello, que no quedaba otra que fotografiar el lugar desde la playa, lo que posibilitaba tomar fotos de todo el espectacular conjunto; pero no así el interior flanqueado por un muro de unos tres metros de altitud a lo menos. Fue así, como hicimos unas tomas desde la playa a la verdadera fortaleza que se presentaba a la vista. Pero la curiosidad y la adrenallina nos llevó a intentar subirnos al muro y poniendo un par de estacas lo logramos y pudimos movernos desde el vértice sur hasta la única puerta que daba a la playa. Una puerta de madera que estaba cubierta con una plancha metálica con remaches y que cada hoja tenía dos cabezas esculpidas, y un par de argollas igualmente de metal.
La curiosidad quiso más y aunque vimos a una persona que se paseaba bajo el corredor que flanqueban las numerosas columnas del frontis, optamos por tomar fotografías interiores sin traspasar el cerco vivo de pino macro que se empinaba por casi un metro de altura a lo largo del muro, el que -a su vez- nos protegía de la vista de aquella persona que, al parecer, estaba ahí para hacer cumplir la orden de “que nadie pasara y/o invadiera la propiedad”.
Así y todo, mientras él pasaba tras las columnas, nos levantábamos y ya “telemetreada” la columnata, disparábamos nuestra cámara 35 mm, y alternábamos otra 6x6 con película a color. Más tarde, desde una torreta de lectura en lo más alto de una lomilla en un bosque al nor oriente, captamos la parte posterior de la construcción; cuidando dejar película para la premiación del torneo.
Tras esta ceremonia y ya cayendo el sol, todos los deportistas -casi unos ochenta o más de toda la región- insistían a las autoridades entre las cuales estaba el Director Regional de la Digeder, un militar retirado, que hablarán para darle un vistazo a la construcción, lugar al que, probablemente, nunca más podrían visitar. Intento que se hizo, afortunadamente con éxito; pero si bien pudimos ver el entorno -no el interior de la construcción- la luz era ya tan tenue que no era acosenjable gastar película, de solo 100 ASA y sin flash. Se recorrieron los jardines que dan hacia la playa y por la quebrada que se interna hacia el lado norte, pasando por la Corte Suprema, entre otros lugares singularizados.
Un par de años después tuvimos la ocasión de fotografiar el lugar desde el aire. Posteriormente, dos o tres fotos de Tanumé -de esas ocasiones- fueron parte de las 100 que mostramos en la Plaza de Armas, de Santiago, a través de una Exposición que organizó el Centro de Hijos y Amigos de Pichilemu hacia finales de la década del '70.
Estando en exhibición, precisamente, un familiar -que se identificó como una nieta de los dueños del lugar- y que pasó por esta muestra, al ver que se mostraban imágenes del lugar pidió que se retiraran porque eran de un recinto privado y no estaba autorizada su exhibición. Como en ese momento no estaba el dirigente responsable de los organizadores, miembros de la institución se excusaron porque ellos tampoco estaban autorizados para tomar esa decisión. Y las fotos siguieron en su lugar ….

Revista Análisis
En Marzo de 1989, el joven periodista Esteban Valenzuela Van Treek -hoy uno de los ministros del nuevo gobierno próximo a asumir- publicó un artículo en la Revista Análisis, que se tituló “El palacio egipcio del Fra-Fra” un reportaje al lugar que muestra una serie de aspectos sobre aquella construcción que a nadie deja indiferente.
No pasó mucho tiempo después, que la grandiosa construcción quedó a muy mal traer por un incendio que nunca se supo cómo se originó, no al menos para la opinión pública. Solo especulaciones …., que hubo seguros comprometidos, que fue una venganza, que esto o aquello. Lo cierto es que, la propiedad -que se decía estaba en ese momento, en manos del empresario Francisco Javier Errázuriz Talavera- se supo que pertenecía al empresario español Eustaquio Bastán hasta ahora ….
Hoy, precisamente, cuando en días recientes se supo que había maquinaria pesada en el lugar, se dice que un hijo de este empresario estaría detrás de la decisión de demoler la columnata -ya desaparecida- en tanto que las esfingies han sido rodeadas con malla rachel, según se logró conocer, aunque no con certeza, que serían sometidas a una reparación por daños que han sufrido. Y que seguirían en el lugar ….

Rocas “tempranas”
Pero dentro de todo lo que se dice del lugar, hay más …
Sabido es que el propio joven científico inglés Charles Darwin recorrió tierras cercanas en su estancia y/o recorrido por el país en la decada del '30 del Siglo XIX. Y uno de los lugares fue, kilómetros más al norte, Navidad, donde exploró las rocas de la costa cuya conformación le llamaron su atención.
Pues no solo ahí hay rocas que a científicos, profesores, académicos, geológos, entre otros -y a estudiantes- les llaman la atención y, permanentemente, en sus salidas a terreno el destino es a conocerlas y a estudiarlas.
Pues, en el sector de Tanumé -aparte de la construcción que nos convoca y a las cuevas con estalactitas y estalagmitas- se ha descubierto algo más ….; conformaciones rocosas que tienen -según algunos científicos- más de 300 millones de años ….
En efecto, copiamos textual un extracto de un estudio realizado por profesionales, que dice:

Patrimonio geológico de las costas de Tanumé, Pichilemu y Punta de Lobos, propuesta de conservación del basamento y difusión de las Ciencias de la Tierra a la comunidad.
Camilo Palape1*, Francisco Hervé1,2 (1) Departamento de Geología, Universidad de Chile, Casilla 13518, Correo 21, Santiago. (2) Carrera de Geología, Facultad de Ingeniería, Universidad Andrés Bello, Salvador Sanfuentes 2357, Santiago * Email del presentador: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
La siguiente propuesta consiste en difundir a la comunidad de Pichilemu, el valor del patrimonio geológico presente en sus costas, con el objeto de protegerlos frente a la reciente aprobación de proyectos inmobiliarios invasivos que amenazan con la destrucción y privatización de los geositios y especies endémicas del lugar. Esto se realizará principalmente por medio de infografías digitales en páginas web, además de otros medios de difusión como salidas a terreno guiadas, entrevistas, charlas y declaraciones públicas.
Las rocas de las costas de la Provincia del Cardenal Caro, más conocidas como “piedra laja” y “piedra cruz”, poseen una mineralogía y estructura únicas, que las convierte en uno de los geositios de la Sociedad Geológica Chilena más interesantes, “Las andalucitas de Tanumé” y “Sill de Punta de Lobos”, y las propuestas en este trabajo, “Los esquistos azules de Infiernillo” y “Los metabasaltos de almohadilla de la Pancora” (Imagen 1.a, b, c, d respectivamente). Imagen 1: (a) Las andalucitas de Tanumé, (b) El Sill de Punta de Lobos, (c) Los esquistos azules de Infiernillo, (d) Los metabasaltos de almohadilla de la Pancora. (a) (b, c, d respectivamente)”.

Hasta ahí ese párrafo que, junto con destacar y relevar sitios de importancia geológica, advierte claramente los peligros que enfrentan, sobretodo de agentes inmobiliarios o de personas que -con un egosísmo extremo- pretenden tras décadas de abandono y so pretecto de conservación, más que eso, inhibir la presencia de personas, de la natural curiosidad.
Ojala, organismos públicos, autoridades, no sean sorprendidas y, en el día de mañana, si es que ya no lo han hecho ya, pretendan ejercer acciones con artimañas para, precisamente, impedir de manera planificada restringir aún más el acceso a esos lugares, tras acciones en contrario que están realizando organizaciones ciudadanas, al tiempo que se mejoran vías de accesos con apoyo de autoridades del orden regional.
Es quizás, por lo mismo que, necesariamente hay que estar alertas ante otros eventuales intentos de destrucción de sitios como el que los científicos están señalando en estos estudios.

Volviendo al incendio que recordábamos, el investigador y colaborador del periódico “Pichilemu” -Don Antonio de Petrel- no quedó indiferente ante la dantesca pira que se atrevió a desafiar a los “animalitos custodios” hace ya poco más de tres décadas. Y, prestos, la publicamos en la edición de Mayo de 1990 -lo que replicamos hoy- tal como ahora ha expresado ipso facto su sentir con lo que sucedió en días recién pasado. Y tras viajar al lugar con la esperanza de conocer una respuesta, ésta no llegó. No al menos de los responsables, sino de supuestos jardineros que se encargan más bien de resguardar el lugar y que nadie traspase los cercos. Asimismo, Don Antonio de Petrel nos regala un cuento que le llegó a sus manos, de autor desconocido hasta ahora. Y que publicamos para nuestros lectores. Adelante ….

Tanumé
Me aflige un duelo rotundo, eterno. La retroexcavadora del faraón, en hora insensata, arrasó con las columnas que se mantenían en pie luego del devastador incendio del '90 sufrido en la casa de playa de la hacienda Tanumé, llamada también, “Mansión Faraónica”.
La arena perfecta para la puesta en escena de la Aída de Verdi y cobijar los dramáticos episodios de Radamés y su princesa Etíope. Sueños de Aspillaga, quien, recreó su fantástica escenografía egipciana en el mismo espacio de la antigua casona que construyera Pedro Santander Achurra.
Una explanada de alrededor de cinco mil metros cuadrados con varios niveles contenidos por un grueso y alto muro de piedras circundan los lados norte, sur y poniente. En el nivel superior, la columnata yergue sus fustes en gran parte de las fachadas norte y sur y su fachada principal al oeste. La escalera que conecta los diferentes niveles desde la casa a la playa, está flanqueada por dos esfinges de la autoría de Juan Bautista Foliá, quién quizá reprodujo los rostros de los enamorados de Menfis y Tebas, o los del mismo Manuel y María Raquel,  ya no importa a quién, como que en su “restauración”, o enchulamiento, les dieron aspecto de Barbie. Hoy están librando de la retro, cubiertas de malla, tal vez por verguenza por el trato ignominioso de su faraón. Él no quiere que sean vistas, nadie que se acerque a su playa ni exclame ¿¡al rojo 15!? Cero, a negro, negro.

¿Cuento o realidad?
Terminados los ejercicios, la Escuadra despachó al submarino. Teniendo libertad de acción, zarpó con rumbo general sur. No hizo más que dejar la bahía y se desató un temporal de aquellos. Para evitar maltratar innecesariamente al personal y el material, este sumergió, pero una falla en los motores lo obligó a aflorar y sin propulsión quedó a la deriva.
En esas infernales condiciones, permanecieron doce horas. La mayoría no había ingerido alimentos y hasta los más navegados comenzaban a palidecer. A esa altura, todo aquel que estuviera en pie ya había pasado por lo menos una hora de atenta vigilancia en el exterior.
Subiendo la escalerilla para efectuar el relevo, el subteniente Pinto azotó su cabeza contra la escotilla después que un vaivén inclinara la nave violentamente. Su amor propio le impidió quejarse como hubiera querido y recibir las novedades fue un martirio, mientras un colérico chichón pulsaba en su cabeza.
Estoico soportaba las inclemencias y su propio tormento, cuando de repente todo se volvió calma y quietud. Un rayo de sol abrió un forado entre las negras nubes y entonces distinguió tierra. Los ánimos mejoraron y en poco tiempo informaron desde la Sala de Máquinas haber reparado la avería.
El navegante creyó estar a la cuadra de San Antonio y Pinto oteó la costa en busca de un punto de referencia que lo confirmara. Sin pensarlo, apuntó sus binoculares donde converge un rayo de luz solar y el extremo de un magnífico arcoíris. En medio de esa postal, una extraña construcción llamó su atención. De frente al mar, entre los requeríos y el bosque virgen, más de dos decenas de columnas estilo greco-romano se alineaban a la perfección, mientras que un par de inmensas esfinges egipcias le antecedían.
Una sensación de haber perdido la noción del tiempo y el espacio, le embarga: ¿Qué ve al rojo 15, mi cabo?
"¡Dos leones con cabeza de mujer y un templo romano, mi teniente!", recibe como respuesta. Por un segundo esto lo tranquiliza. Al menos, no era producto del golpe. Pero, ¿qué hacía este inusual levantamiento en medio del monte? Personalmente, le parecía algo sobrenatural, así como un portal cósmico a otra dimensión.
De todas maneras, ¿cómo lo informaba? "Central de Vela, avistamiento terrestre al rojo 15, evaluado construcción romana", pronunció en voz baja y no le pareció serio. Después, sin dudar solicitó la presencia del comandante en la vela.
"Échele un vistazo a esto, mi comandante. Le advierto que es algo anormal", le espetó, extendiéndole los prismáticos. Este, con la serenidad que dan los años y la experiencia, observó en silencio y en la dirección indicada. "¡Hasta que al fin construyó su mansión!", dijo y sonrió. "Tranquilo Pinto, es la Hacienda de Tanume, su dueño es Manuel Aspillaga, un extravagante pintor". "Esto hay que apreciarlo con tranquilidad, porque pocas veces lo verán en sus vidas", comentó. "Que toda la dotación suba en turnos de tres, porque las aguas están revueltas y es riesgoso estar en cubierta".

Fotografías: Archivo “pichilemunews”/WSG/Camilo Palape, Francisco Hervé (Universidad de Chile)


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