Jueves, 27, Ene, 2:45 AM

Fuente: www.pichilemunews.cl – 23.01.2022
- La “Piedra del Pelambre”, los artistas, el Correo, el Café “Caribe” y sus momentos de gloria. Para mucha juventud también fue un lugar inolvidable. Con la invitación a ver los “destellos” del Faro de Topocalma -a casi 50 kilómetros en línea recta al norte- surgió más de un pololeo. Verdad: Desde ahí se veían los destellos; pero también las “estrellas y el universo entero”, confesó alguien alguna vez ….

Para quienes frisamos los 60 y más, ese recuerdo del Pichilemu de antaño aún está presente, aunque era un reducto visitado principalmente por personas de la tercera edad. Un espacio eriazo -una manzana entera- bajando a la playa al costado izquierdo de la principal Avenida del balneario, que hasta los años '60 permaneció como tal, donde su característica principal lo constituía un promontorio denominado la “Piedra del Pelambre”.
No era “una piedra ...” propiamente tal, sino un montículo de arenisca de unos 20 metros de largo por calle Federico Errázuriz y unos 6 metros de ancho, con un poco de 2 metros de altura. Por la calle Errázuriz (lado oriente) era un frontón de difícil acceso, no así por el lado poniente, que tenía como dos o tres especies de escalones, que permitía sentarse ahí y o acceder a la cima donde pegaba fuerte el viento. No así, a quienes por la tarde, solían frecuentarlo y se sentaban en sus escalones más abajo …
En su mayoría mujeres hospedadas en hoteles, residenciales, pensiones, llegaban hasta ahí, a pasar la tarde. Ya tejiendo, y sobre todo, conversando y contemplando el panorama marino frente a la playa principal.

Pelambre
¿De dónde provino el nombre de esa piedra?
Por mucho tiempo ello constituyó un misterio. Las mismas mujeres que llegaban al balneario por primera vez y que oían del nombre la “Piedra del Pelambre” se preguntaban el por qué ese nombre.
Lo fueron entendiendo poco a poco, al concurrir allí con sus familiares y amigas, donde sin poder comentar de las noticias de la ciudad, el tema recurrente era la familia que se sienta en el comedor más allá, o más acá, cerca de la ventana, o al lado de la puerta. O donde el esposo era notoriamente de más edad que la señora. O la que vestía ligeramente el vestido más corto, o demasiado rebajado en el escote.
¿Te fijaste como esa chica mira al esposo de esa pobre mujer que está más ocupada de sus niños que de nada? ¿Supiste que ese matrimonio fue anoche a bailar a la Pista Municipal y llegaron de madrugada haciendo escándalo? ¿Hum, esa jovencita de la pieza 11 es muy desvergonzada y mira mucho a nuestro vecino? Esta juventud nuevamente están organizando una fogata en la playa, quizás que cosas pueden pasar …
Sin saber el tenor de las numerosas conversaciones que se sucedían en esas horas tras el almuerzo en sus respectivos establecimientos, muchas veces siendo niños imberbes -el suscrito y al menos el hermano que me seguía en edad- junto al Peyuco (conocido en su juventud como el Chorero y el Lumumba), a su hermana Carmen y si mal no recuerdo, hasta su hermano menor -Fernando- fue parte de la “troupé” de artistas que, a pocos metros de la Piedra del Pelambre, nos tirábamos por la arema dándonos “vueltas cartulo”, mientras el público nos daba aplausos y tiraban pesos y chauchas como premios a nuestras gracias de niños.
Fernando, hoy suele situarse en Aníbal Pinto esquina de Ángel Gaete a vender “maletitas de cochayuyo” de souvenir.
Muchos años después, siendo adolescentes en tiempos de la llegada de las colonias escolares, cuando cada pichilemino quería “pincharse” alguna estudiante que llegaban desde los liceos de nuestra región en viaje y/o paseo de estudios de fin de año, la “Piedra del Pelambre” fue en más de una ocasión una alternativa para apartarse del grupo.
Unos con más suerte, bajaban con su pareja a la playa. Otros, llegaban hasta la Piedra del Pelambre con el pretexto de mostrarles desde ese lugar, en la oscuridad de la noche el “Faro de Topocalma”, cuyos destellos se veían a lo lejos -según el grado del pololeo en marcha- y, a veces a falta de destellos, estaban las estrellas, con suerte aparecía una fugaz. Hasta que ya no era necesario seguir buscándolas …., pues la polola se convertía en tu estrella.
No pocas veces, oímos -en los recuerdos de interminables caminatas de “punta a cabo” por las calles Ortúzar, Pinto y la actual Avenida Agustín Ross- sin nombrar a sus pololas de aquellas de viajes estudiantiles, que coincidiendo con noche de luna llena llegaron a la orilla de la playa y se atrevieron a mojar sus piececitos. E incluso, algunas, bañarse como diosas, desnudas sin importar la temperatura.
Para ser sinceros, no fuimos testigos de esta performance, pero si al intercambiar impresiones y recordar anécdotas, alguien contó que bajó a la playa con dos amigas. Nos dijo: “Estaba indeciso por quien jugarme porque ambas eran entretenidas, súper simpáticas, y físicamente muy completas. Una se ellas cuando notó que me había inclinado por su amiga se fue a la orilla de la playa. Se desnudó y zambulló un par de veces”.
¿Y qué pasó luego?, preguntamos …
“Yo y mi amiga cuando la vimos salir quedamos “más helados que ella”. Se vistió rápido y se fue a donde estaba de veraneo. Y mi “furtiva” conquista se levantó y la siguió a casa. No logré convencerla que la dejara y se quedara ….”.
¿Y posteriormente lograste saber qué detonó esa reacción?
“Sí. Pasaron varios días. Ello sucedió cuando su amiga se regresó antes donde residía. La invité a la Disco y entre baile y baile y tratando que me explicara el por qué, me dijo que había sido por mi elección en aquella noche. En otras palabras: De puro picada”.

Chapuzón
Nunca como ese recuerdo, pero en pleno día -un 25 de diciembre- cuando un monumento de mujer apareció por la tarde en la playa “La Terraza” repleta de juventud. Una pichanga de decenas de pichileminos que “al gol” la sacaba de escena, mientras ingresaba otra oncena, quedó ¡ipso facto! virtualmente paralizada y expectante cuando desde un auto bajó una tremenda lola. En estricto rigor era más que una lola. Digamos una mujer de unos 23 años. Se dirigió directo a la playa, con paso resuelto y luciendo un bikini blanco, cuando estas prendas recién estaban apareciendo en las playas pichileminas….

Decía, se fue abriendo paso entre los grupos y familias que estaban con niños de todas las edades. Parecía una gacela, como en cámara lenta. Muchos no querían creer lo que estaban viendo. Pese a ello, unos querían que llegara al agua y se diera el chapuzón, pues parecía resuelta a ello. En tanto otros, querían seguir viéndola, quizás esperando ver algo más en su felina carrera que emprendió ya en la arena mojada, pero no …
Fue el primer deseo. Si, de quienes querían ver ingresar al agua su esbelta figura de casi 1,70 metros (y sin exagerar casi de medidas perfectas) que se mojara totalmente.

¿Cómo explicarlo?
Aunque esto fue hacia finales de los '60, al recordar esa escena, es como volver a ver salir a Silvana Suárez (*) en aquel mítico spot de Cachantún (de finales de los '70). ¡¡Eso!! Emergía del agua como una diosa, exuberante, sonriente, expeliendo gotas de agua salada, pero que uno imaginaba, manaban de un manantial …
Pero volviendo a la escena playera que vimos y que recordaba, cuando finalmente salió esta creatura de carne y hueso que estaba a metros de nuestros ojos, vimos a esta muchacha desesperada buscando, entre el oleaje y espumas, su brassiere blanco. De pronto, chapoteaba en un intento de encontrarlo desesperadamente, olvidando su busto desnudo. Y de tanto en tanto intentaba cubrirse con un brazo u otro hasta que un bañista se le acercó y se lo entregó en sus manos. Cuántos no quisimos estar en su lugar ...
Y, si bien en momentos -que quizás para ella fueron una eternidad- se veía perturbada por el chascarro, ya con el brassiere en sus manos, lentamente se lo acomodó y salió del agua con total aplomo. Era como si en ese momento estuviera en una playa solitaria en el fin del mundo; y así se dirigió al auto desde el cual había descendido, quizás en busca de una toalla y abrigarse, o para encender un cigarrillo.
Luego de eso, todos quienes minutos antes participaban de la entretenida pichancha se olvidaron del juego. Y casi -como poniéndose de acuerdo- no reanudaron el juego, sino corrieron a la orilla y se sumergieron: unos de piquero, otros más formales. Refrescarse era lo que correspondía después de haber presenciado, inesperadamente, tamaño espectáculo ….
Para algunos fue el mejor “regalo de Navidad”. Imborrable para mi, ya que los detalles salieron como si fuera ayer ….

El “Caribe” y el Correo
En ese tiempo, primeros años de la década del '50, nuestros padres arrendaban el local de Avenida Ortúzar esquina de Federico Errázuriz en la casa que pertenecía a la familia López, de Curicó. Justo donde hoy esta situada la Casa Verde.
Antes, primeros años del '50 se ubicó ahí la Fuente de Soda y Café “Caribe” -con la franquicia del café de esa marca- y donde además se vendían jugos naturales, leches con plátano, maltas con huevo, churrascos, carne mechada, tostadas, onces completas, helados artesanales. Por casi diez años fue el único local de ese tipo que atendió en el balneario.
Inmediatamente al lado, en la misma propiedad, funcionaba la Oficina de Correos y Telégrafos.
En esos años, el tren expreso y el tren ordinario llegaban alrededor de las 15 horas y 16.30 horas, respectivamente, a la estación pichilemina. Y, siendo las cartas y telegramas el único medio de conocer noticias familiares, todos los días de la semana se juntaba público que rebasaba el local esperando que las cartas recepcionadas se chequearan; y luego un funcionario las gritaba a viva voz y entregándola en el momento a quienes estaban ahí a su espera. En tanto, con las rezagadas que no eran retiradas en el momento, se hacía un listado posterior que se pegaba para su lectura posterior de los interesados.
Mientras el público esperaba la lectura de las cartas, el olor a tostadas, los sandwichs de carne mechada, queso caliente que provenía del local del lado invadía el ambiente. Y no pocos se rendían a esa “invitación” y esperaban tomando sus onces mientras llegaba esa ansiada carta, el telegrama o el giro prometido.

Helados artesanales
Pero la oferta no era solo esa, sino los cremosos y deliciosos helados artesanales que en barquillos o vasitos eran peleados por el público y que esperaban saliera la producción del sabor preferido.
En esas fechas no eran más de tres los heladeros que había en el balneario: Luis Pavez Ortiz, Guillermo Hernández y el Café Caribe que los preparaba en forma exclusiva para sus clientes.
El primero de ellos empezó haciendo sus helados en la casa familiar. Los fabricaba y luego él mismo los salía a vender en un carretón de mano donde llevaba el bote con helados, en medio de una vasija de madera que se rellenaba de hielo para que permanecieran sólidos en su recorrido por las calles pichileminas. Años después, más consolidado, se instaló con maquinaria más moderna en un local ubicado en Aníbal Pinto esquina de Ángel Gaete (donde hoy está la Amasandería “La Lela”) y, posteriormente, en la esquina de Avenida Ortúzar con Aníbal Pinto; hasta trasladarse definitivamente hasta Ángel Gaete donde construyó una Residencial (“San Luis”).
Ahí, como en los otros lugares, además de helados que se expedían en “barquillo”, hacía helados de agua y con leche. Llegó a tener a decenas de niños que salían a vender a la playa y calles del pueblo; hasta que se dedicó junto a su esposa e hijos a trabajar exclusivamente su residencial, la que hoy trabaja su única hija.
Por su parte, el segundo de ellos -Guillermo Hernández- fabricaba en su casa -que en los veranos se transformaba en la Residencial “Argentina”. Aparte de este establecimiento de temporada, tenía el Almacén “Tropezón” y -durante el invierno- mataba chanchos y junto con vender carne, fabricaba manteca, grasa y todos los subproductos: prietas, arrollados, perniles, costillares, queso de cabeza, los que comercializaba tanto en Pichilemu como en otras ciudades de la región. Luego regresaba con frutas y verduras, como de frutos del país.
Cabe señalar, que don Guillermo además, era distribuidor de Hielo, el que le era despachado por una fábrica y se lo enviaba vía ferrocarril.
En tanto los helados del Café Caribe se fabricaban en la parte de atrás de la propiedad de los López (familia curicana), donde estaban ahí -según recuerdo- dos familias que cuidaban: la familia Becerra Gaete (de don Manuel y doña Fidelisa) y de los Gutiérrez Álvarez (don Raúl y doña Rosita). Los mayores de ambas familias y nosotros más de una vez ayudamos a “limpiar” las paletas y botes de acero inoxidable con los restos de helados; antes que volviera rápidamente nuestro padre a lavar utensilios e implementos, para luego “cargar” los preparados y rellenar las cubas exteriores con hielo picado (había que partir el hielo que llegaba en barras desde Santiago). Luego tapar el hielo con sacos para evitar que -el movimiento del bote que giraba de acuerdo a la fuerza humana, a través de una manivela- botara el hielo de su lugar.
Al cabo de muchos giros y tiempo (para nosotros era una eternidad) el helado estaba listo para llevarlo al local y en un abrir y cerrar de ojos se vendían ….
Terminada la temporada, la “maquina” para fabricar helados, se trasladaba a la casa en la que residíamos. Por entonces, en calle O'Higgins esquina de José Joaquín Aguirre.
Estando solos en casa -junto a mi hermano Antonio- jugando en el patio de la casa en una tarde primaveral, de pronto sentimos que nuestras vecinas -las hermanas Álvarez Jorquera- nos llaman por el cerco divisorio para regalarnos una cesta de ciruelas que ellas mismas estaban sacando desde sus árboles. Las recibimos y agradecimos y de inmediato fuimos a lavarlas a una llave; cuando a uno de nosotros se nos ocurre. ¿Y por qué no hacemos helados de ciruela?
Por entonces, cinco o seis años de edad teníamos uno y otro, respectivamente …
Y sin pensarlo mucho nos fuimos donde estaba la “máquina” de helados. La destapamos y -sin saber cómo- uno de nosotros puso un puñado de ciruelas en el engranaje que mediante una manivela se hacía girar el bote de metal.

Ciruelas
La “fabricación del helado de ciruela” duró exactamente hasta que el engranaje me pilló un dedo, dejándome un corte de 2 ó 3 centímetros. Los gritos de dolor del accidentado hizo que nuestras vecinas nos auxiliaran, tomando al accidentado y llevándolo a una artesa para que enjuagara su dedo ensangrentado; mientras otra de las hermanas iba a su casa a buscar algo con que curar la herida.
Todo ello en medio del llanto que, tras estancarse la sangre, seguía ya no tanto por el dolor, sino por la incertidumbre de los reproches de nuestra madre que andaba en la casa de nuestra abuela materna a un par de cuadras de la nuestra.
Por nuestra cabeza se pasaban las ideas más pesimistas; pero a estas alturas -creemos- que no pasó a mayores, pues no recordamos ni correazos ni varillazos ….; sino las bromas por un buen tiempo de nuestras vecinas que eran muchachas ya mayores, y que cada vez que nos veían, nos recordaban aquella tarde de “hacer helados” …
La cicatriz en el dedo – después de más de 60 años- es el fiel testigo de esa aventura haciendo helados ….

(*): Miss Mundo, 1978

Fotografías: Archivos “pichilemunews”/Internet

Fuente: El Rancagüino online – 14.11.2021
-El proceso es liderado por académicos de la Universidad de O´Higgins y la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Nuevos hallazgos paleontológicos, arqueológicos y paleoclimáticos presentaron investigadores/as de la Universidad de O’Higgins tras el cierre de las excavaciones año 2021. Durante la instancia se mostraron evidencias del poblamiento más temprano de nuestro país, entre las que destacan artefactos arqueológicos, restos de microfauna y megafauna, animales que eran parte habitual de la dieta de los primeros habitantes del territorio.
Así lo explicó el Dr. Erwin González, paleontólogo y académico del Instituto Ciencias de la Ingeniería de la UOH. “Los hallazgos se vienen repitiendo desde el 2019 a la actualidad, que es presencia humana temprana que va desde los 7 mil años a los 13 mil años aproximadamente. Hemos ido encontrando líticos, que son los artefactos arqueológicos, también hemos ido encontrando restos de microfauna porque la laguna Tagua Tagua fue un eco-refugio para la fauna y flora que habitó la laguna hace 13 mil. La megafauna encontrada este año 2021 dice relación con animales que pesaban más de una tonelada, como los mastodontes sudamericanos, también hemos encontrado caballos americanos. Esta megafauna fue parte habitual de la dieta de los primeros habitantes en Tagua Tagua”, expuso.
En tanto, el académico de la Pontificia Universidad Católica, Rafael Labarca, comentó que “lo que tenemos acá es la evidencia sólida de esas ocupaciones humanas más tempranas, que justamente se estaban enfrentando a un clima que estaba cambiando, con presencia de animales que ya no hay como los mastodontes y caballos, pero que poco a poco estaban transitando a condiciones más cálidas. Encontramos fósiles, vértebras de mastodontes, que están asociadas a un fogón, a un evento de quema y algunas de las piezas también estaban con huellas de fuego. Ese es un indicador, no solo de la coexistencia temporal de la megafauna y los humanos, aquí tenemos evidencia inequívoca que no solo había coexistencia sino interacción, ya que los huesos de los fósiles tenían huellas de fuego, es decir, hubo intervención humana en los materiales”.

Investigación para la Región
Un hito a destacar es que en 2019 y 2020 se descubrió un nuevo sitio (Tagua Tagua 3) con evidencia de ocupación pleistocena. Este reciente hallazgo reafirma la enorme relevancia arqueológica y científica de la laguna (hoy seca) Taguatagua, que fue ocupado de forma recurrente por grupos de cazadores-recolectores en fechas muy temprana relativas a las primeras ocupaciones del continente sudamericano.
La Prorrectora de la UOH, Fernanda Kri, mencionó que “claramente este es un sitio histórico y que tiene miles de años. Pero la diferencia quizás hoy día es que tenemos una universidad de la región y estatal, con investigadores comprometidos que hacen redes con investigadores de otras universidades. Creo que eso da una potencia distinta, una impronta diferente y que esperemos que eso desemboque finalmente en que podamos hacer investigación en el área de forma más sistemática, que no tengamos lagunas de tiempo donde no se puede investigar por falta de financiamiento. Creo que hoy día, con la Universidad de O’Higgins, potenciar la investigación es una oportunidad que no hay que dejar pasar y en conjunto con la Seremi y con la Gobernación, estoy segura de que vamos a poder avanzar en esa línea”.
Palabras con la que coincidió el Gobernador de O’Higgins, Pablo Silva, quien indicó que “es importante destacar el interés de los investigadores de la Universidad de O’Higgins y también de otras universidades que están trabajando en este sitio arqueológico. Nos han demostrado que es uno de los más importantes de Sudamérica y tenemos que resaltar que se encuentra en nuestra región, en la comuna de San Vicente. Agradezco el trabajo de la universidad, el de la Seremi y el poder realizar un trabajo en conjunto a futuro. Esto está recién partiendo y se requieren recursos, se requiere inversión y sobre todo, dar a conocer la investigación que se lleva a cabo. Estamos dispuestos a colaborar para que efectivamente se muestre el mundo desde aquí de San Vicente y la Región de O’Higgins”.
En tanto, la seremi de Ciencia, Tecnología, Innovación y Conocimiento de la Macrozona Centro Sur, Paulina Assmann, dijo que “el sitio arqueológico de Tagua Tagua, donde alguna vez hubo un lago, representa el poder construir la historia del pasado que nos permite entender qué viene en el futuro. En una excavación pudimos ver cada una de las etapas acontecidas hace 13 mil años, cómo era la mega fauna y la vegetación. Un cambio climático que ocurrió hace miles de años, conocerlo es sin duda importantísimo para entender lo que viene y los desafíos que tenemos a futuro. Nos falta comprender, saber más, por eso es importante contar con este conocimiento que viene de la Región de O’Higgins”.
Un punto importante es la relevancia cultural y patrimonial de San Vicente de Tagua Tagua. La Directora Regional de Patrimonio Cultural, Leslie Araya, indicó que “Tagua Tagua es un hito para el patrimonio paleontológico, nosotros como institucionalidad patrimonial tenemos certeza de que esto es un desafío, tanto para la excavación como para el fortalecimiento de la institucionalidad para dar acceso a toda la comunidad tanto como para el aprendizaje que esto nos puede entregar como aprendizajes futuros. Están todas las intenciones en relevar el valor de todo este sitio no solo a nivel nacional, sino también continental”.
Desde que comenzaron las excavaciones formales en 1967 se ha encontrado gran diversidad de fósiles, destacando 18 mastodontes, ciervos extintos, caballos americanos y múltiples restos fósiles de 28 especies diferentes. Este panorama taxonómico, sitúa al área como uno de los grandes eco-refugios de América del Sur durante el Pleistoceno.
Con el fin de seguir potenciando las investigaciones del poblamiento americano temprano, la Fundación Palarq, financió estas excavaciones en la cual participan académicos de distintas instituciones académicas, entre las que destaca la Universidad Estatal de O`Higgins.

Fotografías: Universidad de O´Higgins y la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Fuente: www.pichilemunews.cl – 21.03.2021
- Un modesto reconocimiento a los artesanos que, por décadas, le han dado identidad a nuestra comuna, como a los nuevos que han surgido tanto locales como residentes.
- Entre ellos, Adolfo Moraga Rodríguez (Talabartero), Filomena Fonzález Quinteros (Greda), Eufemia Arias González (Greda), Margarita Soto Retamales (Greda), Gladys Orrego Paredes (Arcilla), Manuel Lizana Pino (Arcilla), los hermanos Solercio, Mario y Héctor Soto Lizana (Arcilla), Marcela Urzúa Vargas (Arcilla), Edulia Pavez Vargas (Arcilla), Alicia Vargas Pavez (Arcilla), Ramón González Barahona y Mónica Ragulín Wodoslawska (Loza), Eugenio González Vargas (Conchitas, joyas, madera policromada), Francisco González Medina (Conchitas), Gladys Weismann Hernández (Conchitas), Karen Conarrubia Bravo (Arcilla), Sebastián y Libertad Carrasco (Alambre), Eduardo Vargas Córdova (Maderas, Conchitas), Fabiola Soto (Maderas, conchitas), Lucía Saavedra Morales (Conchitas, Móviles), Antonio Aliaga (Muebles rústicos), María Cecilia Vargas Sánchez (Conchitas, mosaicos), Christian Vargas (Tallados en maderas), Carla Carreño Lorca (Móviles), Mabel González Urzúa (Tejidos y Bordados en Lana), Claudia Lizana González (Maderas), entre muchos (as) otros (as).

Recientemente, el calendario nos recordó que era el Día del Artesano, que alcanza una diversidad de especialidades y que se multiplican de norte a sur y de mar a cordillera.
Afortunadamente, la memoria aún no falla, y cuando vi saludos en las redes sociales a algunos artesanos, me afloró casi al instante la imagen de un anciano -después supe que era un artesano- que con singular maestría hacía “cucharas” en madera y, que diariamente llegaba a la Piedra del Pelambre en los veranos, a fabricarlas in situ, valiéndose de su habilidad con unos afilados cuchillos.
Llegaba poco antes de mediodía y se sentaba en la Piedra del Pelambre, junto a su saco lleno de palos en bruto de diferentes medidas. Y, de a poco sin que nadie lo apurara, iba dándole forma a esos palos hasta dejar moldeada una pala de madera de diferentes medidas, según el palo que eligiera para tallar. Alrededor de las 6 de la tarde, y habiendo vendido algunas de sus palas, especiales para cocinar y hacer mermeladas, tomaba su saco con sus productos camino a su casa en el sector nor-oriente de la comuna, a unos 7 kilómetros de Pichilemu.
Hablamos de los primeros años de la década del '50. Su nombre de pila, sinceramente lo olvidamos, pero no su apellido: Becerra, familiar de un cochero de la Quebrada del Nuevo Reino, que llegó a ser el primer presidente del Sindicato del Rodado Tracción Animal (que reunía a casi un centenar de cocheros).
Y así, como él, recordamos a las loceras de El Copao habilidosas como ninguna para moldear la greda, saliendo de sus manos fuentes, ollas, cayanas, platos, donde el pastel de choclo queda cocinado con un sabor insuperable, por desgracia todas desaparecidas, quedando por ahí un par de ancianas e hijas de aquellas, pero que ya no se dedican a ese oficio.
Hoy, son las artesanas de Pañul quienes -desde los años '90- mediante la gestión del alcalde Orlando Cornejo Bustamante se contrataron monitores para enseñarles el trabajo de artesanía en arcilla, aprovechando la materia prima del lugar.
Otra artesana que aprendió a trabajar la arcilla, es la pichilemina Karen Cobarrubia Bravo y que desde hace ya varios años está radicada en Francia.

Talabartero
Pero, volviendo mucho más atrás, alguien que no puede ser olvidado es don Adolfo Moraga Rodríguez, quien aparte de ser zapatero remendón, era un reputado talabartero, siendo las monturas y los aperos de caballares sus más famosas obras de arte.
Esto último no es una exageración. Muchas veces, cuando llevábamos zapatos para su reparación, nos quedábamos horas, ya conversando o admirando el trabajo que hacía don Adolfo. Muchas veces lo vimos coser cueros y badanas que perfectamente lucían ya terminadas futres y huasos de la comarca. Y de más allá, llegaban a encargarle esos trabajos ....
Mientras tanto, sus hijos cortaban suelas enteras, o medias suelas, o cosían a mano con lezna, cera e hilo o martillaban en sus rodillas zapatos de varones o de dama.

El Pitio
Uno de los artesanos pichileminos más prolíficos y diversos fue Eugenio González Vargas, más conocido como el “Pitio”. Y quizás el más famoso pues no solo era invitado permanente de la Feria Internacional de Artesanía que, cada año, organizaba la Universidad Católica de Chile en el Parque Bustamante.
De nuestra generación, empezó a destacarse en su época escolar con sus dibujos. Y más tarde con sus pinturas en oleo, donde sus telas las hacía -primero- de sacos harineros. Y en sus ratos libres, trabajando en las plantaciones de la Conaf, le pintaba a pedido de los distintos Jefes y técnicos que llegaban a trabajar al Área de Pichilemu. Paralelamente, en los veranos trabajaba haciendo figuras en conchitas. Más tarde emigró a Santiago y tomó clases de pintura con la pintora y académica Matilde Pérez para perfeccionar su técnica, ya que era autodidacta.
Asimismo, su espíritu inquieto lo llevó a aprender la orfebrería, donde llegó a exportar joyas y figuras en plata y lapizlazuli.
Pero, no fue todo. Tomó cursos en Policromía en Madera, especializándose en imaginaría religiosa, lo cual lo llevó a ser uno de los mejores y valiéndole invitaciones para mostrar su artesanía en el extranjero.
De todo ello, alguna vez lo publicamos en el “Pichilemu”. Más aún, el año 1987, en un aniversario de nuestro periódico, lo celebramos con una Exposición de Pinturas, la que se realizó en los salones del Cuerpo de Bomberos.

Otros rubros
También recordamos artesanas en Tejido a Telar, aunque ya no en su época de producción, como la señora Uberlinda González Pavez, como también a las decenas de artesanas en lana -técnica de Lanigrafía- donde muchas pichileminas aprendieron a realizar hermosas creaciones; y donde finalmente un par de ellas persistieron trabajando y exhibiendo sus artesanías en ferias hasta ahora, como Mabel González Urzúa.
Asimismo, mencionar a Marcela Rivera Arce, una mujer que se reinventa y donde sabemos de las artesanías que realiza, o realizaba, en cuero de pescado, haciendo todo el proceso desde curtirlo para luego confeccionar varios artículos muy apreciados.
Está también Claudia Lizana González quien junto a su esposo Washington Marín, realizan artesanía en maderas, donde sus estrellas son “cabritas”, carros y máquinas a vapor de ferrocarril.
También nos aflora el artesano Sadrac Vargas Rojas, quien se especializó en joyas de metales y piedras preciosas, joyas que ha pedido han cruzado océanos y recorrido miles de kilómetros hasta llegar a su destinatario (a).
Varias pichileminas se han especializado en artesanías en conchitas, pero usándolas en mosaicos, creando hermosas obras. Entre otras artesanas, están las hermanas María Cecilia y Carmen Gloria Vargas Sánchez, entre muchas otras.
Otra artesana que aprendió a trabajar la arcilla, es Karen Cobarrubia Bravo y que desde hace ya varios años está radicada en Francia.
Igualmente, recordamos que en Pañul hace algunos años varias mujeres -a través de Prodemu- aprendieron todo el proceso de lavado, limpieza, hilar, teñir y tejer lana de oveja, ya en telar, a palillo, crochet, confeccionando diversos productos como ponchos, mantas, entre otros artículos.

Así como hay muchos artesanos (as) pichileminos (as), hay varios que se han radicado en nuestra comuna, aportando y enriqueciendo la oferta hacia visitantes y turistas. Y, por cierto, a todos (as) les saludamos y felicitamos por su talento.

Fotografías: Archivo "pichilemunews"/Facebook artesanos/Internet

Fuente: www.pichilemunews.cl – 01.08.2021
- Desde tiempos remotos, la sal -ese albo producto que desde tiempos inmemoriales se cultiva en nuestra comuna, como en distintos lugares del mundo- ha sido en momentos tan, o tanto más valioso que el oro y otros metales preciosos. Los por qué son varios y no entraremos en detalles, sino dejaremos al interés de cada uno, en averiguar si no lo sabe.

A qué viene este breve preámbulo. Para recordar lo que -tantas veces dicho en reuniones informales, formales, en la radio y otros medios- empezó a tener sentido.
¿Qué pasó hace 21 años?
El periódico local “El Expreso de la Costa” -que incursionaba como otros medios lo hicieron antes- publicó su N° 3, del día 31 de julio de 2000, en portada: La Sal de Cáhuil podría salir al mundo. Le antecedía: Franceses interesados en la comercializar producto. Y, en su interior un artículo desarrollaba de qué se trataba ese titular ….
Antes de ir al artículo, necesariamente hay que remontarse alrededor de cuatro años antes. En efecto, a lo que surgió tras la visita de un importante funcionario del gobierno francés, a Pichilemu, en calidad de “pequeñas vacaciones” desde Argentina donde estaba asignado para esta parte del mundo.
Se trataba del ingeniero francés Bernard Cavaillé, quien junto a su esposa e hija, aprovechando el feriado de Semana Santa, desde el vecino país, visitaron a su amiga Anne Evequoz, a la sazón esposa del empresario rancagüino Carlos Von Unger Casanello, quien años antes se había radicado en Pichilemu y construido su Complejo Turístico “Dunamar”. Aquella vez, fue uno de varios viajes porque le encantó a los franceses. Y pese a muchos atractivos que le encontraron, uno en particular llamó la atención de Bernard Cavaillé: las salinas de Cáhuil ….; claro, porque explicó luego que en su país, él conocía una zona, Guerandé, que también parte de sus habitantes se dedicaban a la producción de sal. Más aún, al conocer cómo era el proceso utilizado acá, como sus herramientas, entre otras, eran muy similares. Más aún, casi iguales …
Y, al conocer la realidad que vivían quienes trabajaban y cultivaban la sal, era una historia calcada con lo que había sucedido allá en Guerandé, en su país; pues el abandono de gran parte de las salinas, el bajo precio de la sal y las condiciones de abuso que se daban acá y allá -en un momento- llevaron a que, la juventud de allá, como la de acá, hiciera a la juventud mirar hacia un porvenir imaginario, pero mejor, y a emigrar hacia otros lugares en busca de aquel.
Pero, contó Bernard Cavaillé, ocurrió que a alguien le surgió la idea de cambiar el destino de esas salinas de Guerandé, a tal punto que la realidad de empobrecimiento, de falta de expectativas, cambió completamente y el producto -la sal de Guerandé- hoy está en las estanterías, góndolas, de los Supermercados más sofisticados, a tal extremo que usted puede encontrar decenas de frascos, bolsitas, de sal de Guerandé con diversas especies que le dan valor agregado.
Famosos restaurantes en sus Cartas ofrecen menús con Sal de Guerandé. Y tiene inmensamente otro valor.
Todo esto lo escuchó, primeramente, el entusiasta empresario Carlos Von Unger, quien en más de una ocasión nos invitó a escuchar lo mismo de voz del propio ingeniero francés. Y así, en calidad de concejal participamos en reuniones informales y formales con autoridades -comunales y provinciales. Incluso en una o dos ocasiones con el propio ingeniero Monsieur Cavaillé, donde éste funcionario contó lo señalado y que esa experiencia era posible replicar acá en Cáhuil y alrededores, dándoles apoyo a los salineros de diversas formas, como adoptando medidas gubernamentales que, les permitieran cambiar la realidad actual a una de enormes perspectivas que, en un plazo prudente, significarían un cambio en varios sentidos: mayor precio de la sal, mejoramiento de calidad de vida de sus habitantes, entre otras mejoras.
El mismo funcionario francés se comprometió a gestionar apoyos de organismos involucrados en la experiencia de Guerandé, todos los cuales se hicieron.
¿Pero qué ocurrió con los apoyos y medidas que se esperaban de las autoridades de entonces?
No lo diremos. ¡Adivinen!

Terremoto, Tsunami
Años después, ocurrió el terremoto y tsunami del 27-F. Afortunadamente tras esa desgracia para gran parte del país, el gobierno que tuvo que enfrentar levantar el país en las regiones afectadas -para bien o para mal- del mismo presidente que hoy tenemos, las ideas expresadas que venían desde el año 1996 más o menos, tuvieron un eco positivo a través de varias medidas, donde gestiones con los ministerios de Economía permitieron la denominación de origen para la Sal de Cáhuil; a través de ayudas permanentes, vía recursos concursables del Ministerio de Minería los salineros reciben equipamiento para facilitar y mejorar la producción de sal.
Asimismo, con recursos regionales a todos los productores se les dotó de una Planta de Yodación para que toda la sal que se produce acceda a ese proceso y así pueda ser comercializarla, según normas del Servicio de Salud. Así, los salineros de Cáhuil, Barrancas, La Villa, en la comuna de Pichilemu; como los salineros de Lo Valdivia, Boyeruca, en la comuna de Paredones les ha cambiado en forma importante su calidad de vida.
Paralelamente, decir que la Sal de Cáhuil, hoy por hoy, es infinitamente más conocida, incluso en otros continentes.
Varios reputados chefs la conocen y la tienen incluida en sus preparaciones. Y no es difícil encontrarla en los supermercados o tiendas gourmet.
Y, su auge -sin duda- se debe al apoyo gubernamental que se le ha brindado a través de varias instancias e iniciativas.

El negro pasado
Salineros que se quejen hoy, tendrían que ser muy mal agradecidos. Sería desconocer toda la historia que sus abuelos, bisabuelos y más, sufrieron, padecieron abusos indecibles a manos de “dueños de salinas”.
Porque, ha de saberse que quienes trabajan las salinas -quienes están de sol a sol- no son los dueños de las salinas.
Acaso hay alguna excepción por ahí …, donde en sus terrenos han habilitado cuarteles salineros.
Y aquí surje que muchos son “propietarios de salinas” aún cuando parte de estas salinas están dentro de fajas de terreno que de acuerdo a la ley, son fiscales, pero para esos efectos no se sabe cómo es eso.
Pero, lo habitual es que la mayoría de los salineros -al menos en tiempos pasados- trabajaban las salinas a “los dueños”, quienes después de ser producida, proporcionaban los sacos y se encargaban de venderla. Miles de sacos y, en consecuencia, cientos y miles de toneladas que se transportaban en ferrocarril a diversas ciudades.
Los salineros pasaban durante todo el invierno esperando su dinero para alimentar a sus respectivas familias; la que llegaba a puros “mejorales”, a “gotas”, “vales”, muchas veces humillaciones. No faltaba que el mismo dueño de salinas les vendiera, o pasara mercadería, a vil precio. Todo ello, argumentado porque aún no les han pagado.
Pero la necesidad tiene cara de hereje. A la vuelta del año, nuevamente los salineros estaban al pie del cuartel, limpiándolo, y luego todo el largo proceso que -hoy aún con toda la ayuda, equipos proporcionados- tarda meses para que la naturaleza, sol Dios mediante, vaya solidificando el agua salada en granos de sal.
Luego, el acopio y el secado -que permite ver durante meses una maravillosa cordillera de albos conos diseminados a ambos lados de la laguna hasta varios kilómetros adentro entre los cerros que la bordean a lado y lado.
Un espectáculo que atrae a cientos de turistas a conocer de cerca, su textura, su proceso. Y, de paso apreciar la diversidad de avifauna que tiene ahí su hábitat, donde cientos de aves completan una de las más hermosas postales de la comuna de Pichilemu.

Fotografías: Archivo “pichilemunews.cl/CapturasC13

Fuente: www.pichilemunews.cl – 27.02.2021
-  En la “industria sin chimeneas” desde siempre -como otras labores de importancia- los garzones y barman son parte importante en la actividad gastronómica, hospedaje y del esparcimiento.
-  ¿Sabía usted que durante los años '80 y '90 varios tragos -cortos y largos- creados por barmen pichileminos estuvieron deleitando paladares no solo de parroquianos locales, sino de la región y de Santiago. En efecto, Pichilemu City, Gigi Special, Chino 's, Costa Azul, Infiernillo, Chambalai, Aromas de Tahiti, Punta de Lobos Tropical, son parte de numerosas creaciones que surgieron del talento local. Tragos -como otros- que debieran reeditarse y ser incluidos en la Carta de los establecimientos, al menos pichileminos.

Como otros balnearios del país, Pichilemu tiene una tradición de más de 120 años siendo visitado por miles de visitantes, ya turistas nacionales como extranjeros, que han disfrutado de sus atractivos naturales -ya sus playas, como hermosos rincones en el sector rural- que son muchos más de los que la mayoría conoce.
Pero aquellos miles de visitantes no solo han podido disfrutar de sus lugares para tomar baños de sol y de mar, practicar deportes acuáticos -cada vez más diversos- como también de las actividades tradicionales del campo -a través de trillas a yegua suelta, por ejemplo- sino también de la atención en los diferentes establecimientos hoteleros, de hospedaje y gastronómicos, ya en hosterías, restaurantes, donde cada vez mejora su oferta con servicios de excelencia y de calidad en la cartas y menú que ofrecen.
Pues bien, en lo que se refiere a atención en los servicios, garzones y barman, son parte del personal que, en cada establecimiento, es vital para que la satisfacción del cliente sea completa. Y permita que, más tarde, no solo vuelva él, sino otros más a través de la buena crítica y/o comentario.
Pues, como se conoce la máxima en el rubro: más vale un cliente satisfecho y que haga un buen comentario, que pagar la mejor publicidad en medios de comunicación.

Recuerdo
Es así -como una forma de destacar a estos trabajadores anónimos- es que traemos a colación en el recuerdo a algunos de aquellos garzones y barman que en el pasado se desempeñaron en la actividad; algunos ya idos, otros retirados y unos pocos aún en actividad, tanto en el balneario como en otras ciudades del país.

Garzones
Sin ser el único más antiguo, recordamos -por ejemplo- al pichilemino Custodio Becerra González quien se desempeñó por años en el Hotel “Ross”, quien en temporada de verano era fijo en ese establecimiento por los años '40, '50 y '60. Y en invierno emigraba a la capital, Santiago, a trabajar en el Pasapoga u otros locales santiagüinos.
Varios pichileminos durante el invierno trabajaban en diversos rubros u oficios; pero en verano vestían elegantes pantalones negros, camisas blancas almidonadas y albas chaquetas (vestones) blancos, humita y zapatos relucientes, negros. Estos se empleaban en hoteles, restaurantes y hosterías, como también locales bailables como la Pista Municipal, las Quintas de Recreos, Tanguerías. Más tarde, Pubs y Bares.
Es así, como recordamos a Feliciano Becerra, Alejandro Mella Galáz, Crescente Bozo Pérez, Andrés González, Juan Jorquera, Valentín Saavedra, Julio Tobar, Raúl Aguirre, Manuel Arenas, Mario Muñoz Gaete, Jorge Vargas Bozo, Oscar González Becerra, Ismael Carrasco Bañados, Tarsicio “Tato” Becerra, Carlos Fuentes, Fernando Llanca, a los hermanos Humberto y Juan Vargas, Anselmo Herrera, Juan “Bencho” Cornejo Bustamante, Luis Cáceres Vargas (Hotel Rex, prácticamente toda su vida ahí y en la sucursal en Rengo).
Otros más jóvenes: Mario Valenzuela Cabrera, Carlos Díaz (ambos en la Tanguería Siglo XX), “Chico” Insunza (Hotel Ross), Manuel Carrasco, Edgardo Jorquera Urzúa, los hermanos Manuel y Enrique Becerra Jorquera (Hostería La Gloria), Patricio Galaz Eloz (Chino 's Bar, Hotel Holiday Inn), Vladimir Santander (Chinos 's Bar), los hermanos Renato y Mario Rodríguez Tobar (Hostería “La Playa”, Tabancura), Mauricio Vargas Tapia, entre otros pichileminos, cuyos nombres no los tenemos. Algunos de ellos, incluso, tras un tiempo como empleados incursionaron en el rubro creando sus propios negocios.
Asimismo, está Antonio Saldías González -quien con Escuela en los negocios de la familia- pasó por la Quinta Costa Azul, Gringo Pobre y Chino 's Bar, en Pichilemu; La Ruca (Rancagua); y posteriormente, incursionó en varios establecimientos de comida gourmet de la capital, como el Café Don Beno, Hotel Tupahue, Da Renato, Maxó, Angus, Kabaret 1.100, Kika Ilmenau, Fiume, Don Carlos, Pub News Orleans, Chalet Suizo, Puerto Renato y Prego.
También, Carlos Saldías Farías, quien trabajó en el Hotel Tupahue, Holiday Inn, para luego -en Pichilemu- instalar el Restaurant “Donde Pin-Pon”, La Caleta.

Raúl Flores o “El Manllito”
¿Hay más?, hay más y no crean que me he olvidado de uno que -muchos- señalan como un fuera de serie para vender: Juan Raúl Flores Flores más conocido en la familia, por amigos y cercanos como el “Manllito”.
“Fue hijo único de su madre -Carmen Flores Lizana- pero ésta, posteriormente se casó con Cosme Arraño y tuvieron 13 hijos más”, recuerda uno de sus sobrinos, quien agrega: “Mi madre nos contó que el tío Raúl fue el organizador de su matrimonio, y él con un par de garzones más atendieron a los invitados, resultando una fiesta inolvidable ...”.

¿Y recuerdas o sabes en qué locales trabajó?
“El trabajó en las Quintas antiguas -según mi madre- en Las Brisas, en la Pista Municipal, en el Barco Fantasma (ubicado en La Puntilla, cuando era Residencial), Hotel Asthur, Hotel Rex. También en la Hostería “Rapanui”.

¿Y en otras ciudades?
“Si, trabajó en Santiago, en Viña del Mar en periodos estivales, y ganó muchos premios por mejor garzón .., contaba él, según nuestra madre; pero no supimos en que establecimientos ...”.
… bueno, más de alguna vez lo vimos participar en las carreras de Garzones …, acotamos. “¡Si!, mi mamá siempre recuerda que participó muchas veces en las carreras de garzones de la Semana Pichilemina y ganó varias ….”.
Y agrega: “En la Carrera de Garzones del verano del 2018, la organización hizo un recuerdo de él y le tributó un reconocimiento y, como familiar, subimos junto a mi madre a recibir el premio de parte del municipio pichilemino.
Otra de sus habilidades -recordamos- era un palomilla y muy alegre, y, además, jugaba a la pelota. Es más, en un par de ocasiones lo vimos como jugador del Unión Pichilemu y era un espectáculo con la pelota …
“Yo no alcancé a verlo jugar, pero mi mamá recuerda que era muy chistoso y siempre contaba chistes y divertidas anécdotas. Era quien animaba las reuniones familiares ...”, remata su sobrino Williams.


¿Hay garzonas? ¡¡Si!!, pero será para otro artículo más adelante ….
También, decir que durante décadas hubo garzones que llegaron a trabajar a distintos establecimientos, ya hoteleros, restaurantes; pero obviamente que no están en la memoria, excepto el garzón santacruzano, de apellido Flores, a quien vimos desde chico -el Café Caribe, de nuestros padres, estaba casi enfrente del Bar Ducal cuando éste estuvo en Avenida Ortúzar esquina de Primer Centenario (ex Arturo Prat). Le veíamos siempre vestido impecable, peinado a la gomina y con bigote.
Y otro, al parecer de Chimbarongo, que llegaba todos los veranos a trabajar como garzón de Restaurant. Y por las noches se instalaba con un brasero a vender los anticuchos, afuera de la Quinta “Costa Azul”. Usaba el seudónimo de Dr. Mortis.
Por cierto no son los únicos ….

Barman
También están quienes se atrevieron a incursionar en la preparación de cocteles, especializándose como barman, e incluso algunos trascendieron del ámbito local, llegando a ciudades como Rancagua -Manuel Olivos Troncoso, Honorino Cáceres Jorquera, Luis Iván González- y Eduardo Saldías González.
Este último, formado en el Gringo Pobre, de Rafael "Filo" Álvarez, y en el Chino 's Bar del recordado Guillermo Bradley Cerón, estuvo en el Hotel Tupahue, Hotel Holiday Inn, Kabaret 1.100, Crazy Horse, Bownling, entre otros lugares, antes de instalarse en Pichilemu por casi dos décadas con el recordado Salón Bar “Gigi” (años '80 y '90).
Gracias a su figuración en los Certamenes de Coctelería en que participó, los periodistas de espectáculos -como Guillermo Zurita Borja (William Zeta) en Las Últimas Noticias, y Luis Fuenzalida en el diario La Tercera- lo invitaron al programa de TVN que animaba el periodista y actor Fernando Alarcón con su personaje Pepito TV. Ahí, en una barra de un completo Bar, a Eduardo Saldías le correspondió atender a los periodistas e invitados con sus preparaciones.
Éste, además, estando ya afincado en su tierra natal, fue enrolado como Monitor para realizar cursos de coctelería en otras comunas de la región; y también con cursos gratuitos a pichileminos, que después fueron a tentar suerte en otras ciudades.
El 15 de agosto de 1988 fue el término de uno de esos cursos y estuvimos presente. Según lo que publicamos en el periódico “Pichilemu”, 2 damas -Ana Pérez López y Marta González Escobar aprobaron el curso. Asimismo, 12 varones: Bruno Fernández Rojas, José Adolfo Marín, Eduardo Vargas Córdova, Jesús Venegas, Freddy Flores Cataldo (Los Colchaguinos), Oscar Nasser Oyarce, Carlos Bozo López, Oscar Aguilera Pérez (Chilolan Chen), Miguel Fernández Federic, Iván Morales Carreño, Aarón Quijada Arias y Mauricio Llanca Leiva.
Otros Barman que se formaron, en la práctica, fueron Manuel Olivos Troncoso (Hotel Holiday Inn, Carpa 4 en Rancagua, entre otros locales), Alexander Jara Vargas (Discotheque Rubi, Jimmy 's Bar), Luis Iván González (El Alero de Santa Cruz, Café Haiti y Carpa 4 en Rancagua, entre otros establecimientos), Honorino Cáceres Jorquera (Olimpo, Bar “Gigi”, Café Haití de Rancagua), Luis Olivos Troncoso (Jamaica Show, entre otros locales de Pichilemu), Gerardo “Yayo” Villar Pavez (Hostería “Infiernillo” de Pichilemu), Iván Aguirre Cornejo, etcétera.
Por otra parte, está Roberto Saldías González, quien también incursionó en el rubro haciendo escuela en el Chino 's Bar para luego emigrar a Santiago (Copas Bar, Club Regine, Play Boy, Portada de Vitacura, Hotel Holiday inn, Discotheque Gente) y un par de temporadas en España, junto a otro pichilemino, Patricio Herrera Silva (Olimpo, Holiday Inn). Luego retornó y trabajó en el barco crucero Terra Australis, para luego seguir en Pichilemu, como el Bar “Gigi”, Discotheques y Pubs de Pichilemu.

CERTÁMENES REGIONALES DE COCTELERÍA
Revisando nuestros archivos del periódico el “PICHILEMU”, vemos un par de certámenes de coctelería a nivel regional, realizados en Pichilemu.
Ahí, entre otros que destacan, aparecen -por ejemplo- en el verano de 1987, Luis Iván González (El Alero, de Santa Cruz) ganando el primer lugar en destreza; Alex Jara en segundo lugar, representando a la Discotheque Rubí de Pichilemu.
En tanto, en cuanto a creatividad en tragos de fantasía, “Yayo Villar” con el trago “Infiernillo” y Luis Iván González con el trago “Costa Azul”, ambos obtuvieron, en empate, el segundo lugar. Y Honorino Cáceres con el trago “Aromas de Tahittí” y Luis Olivos con el trago “Chambalai”, en empate, el tercer lugar. Sin embargo, al homologarse el sabor y la calidad, ahí el resultado fue el siguiente: Primero, Gerardo “Yayo” Villar con su trago Infiernillo en representación de la Hostería Infiernillo; en segundo lugar, Honorino Cáceres con Aromas de Tahiti, en representación del Olimpo; y en tercer lugar, Luis Olivos con Chambalai, en representación del Jamaica Show.
En el año siguiente, 1988, en el Segundo Certamen Regional de Coctelería, en Trago Corto, el barman pichilemino Bruno Fernández, en representación del Hotel “Ross”, se adjudicó el primer lugar; y Luis Iván González, pichilemino, en representación de El Alero de Santa Cruz, el segundo lugar.

Ganadores
Decir también que -por ejemplo- Manuel Olivos Troncoso (que murió tempranamente) se destacó como profesional de la coctelería y en el ámbito gremial, llegando a ser dirigente regional y nacional de la Federación Nacional de Barman; difundiendo la actividad y organizando certámenes de coctelería en nuestra región, incluido Pichilemu, como los dos mencionados, gracias a su gestión y entusiasmo.
Posteriormente, cuatro barman que participaron en Certámenes Nacionales de Coctelería, lograron importantes galardones con sus creaciones en tragos de fantasía, tragos cortos y largos. Más aún, Eduardo Saldías, Luis Iván González Córdova, Honorino Cáceres Jorquera y Roberto Saldías González, lograron primeros lugares.

El “Huaso Pituco”
Lejos de constituirse en una afrenta, el apodo de el “Huaso Pituco” identifica al barman pichilemino Luis Iván González Córdova, quien al ser consultado por sus inicios, dijo: “Mis primeros pasos de barman fueron en la Disco Club  que funcionó en la Pista Municipal de Pichilemu, con “Lito” Celis como mi empleador. Tenía 17 años. Al año siguiente trabajé en la Discotheque “Rubí” que regentaba Juan Carlos Toledo, un santacruzano que me llevó a su ciudad al Restaurant “El Alero”, donde estuve 5 años.
De ahí partí a prestar mis servicios al Café “Haití” de la señora Ninfa Silva y Fernando Miranda, donde ejercí como garzón jefe de local y barman por un periodo 17 años. Estando ahí, el año 1991 participé en un certamen de coctelería en Santiago: el resultado fue tres lugares destacados. Dos primeros lugares y un Segundo lugar premiado por presentación y manejo del bar lo que me valió el Primer lugar por puntaje. Se me entregó el primer lugar de los mejores Barman de Chile en honor a Héctor Ramírez, fundador de la Federación de Barman de Chile”.
¿Qué significó para tí ese galardón?
“Bueno, para mí fue un premio a mi esfuerzo y (quedé) muy feliz. Sentí que había llegado a una etapa y luego me independicé y, junto con mi esposa emprendimos con un restaurante en Rancagua con un gran nombre y nace una alternativa culinaria Los Aromos de Tuniche Restaurante y Centro de Eventos, en lo sigo hasta ahora ...”.

El “Nono”
El pichilemino Honorino Cáceres Jorquera -más conocido por sus amigos y clientes, como el “Nono”- tras egresar de la enseñanza media, primero trabajó en una discotheque realizando funciones básicas. Y, al año siguiente el dueño del Salón Bar “Gigi”, Eduardo Saldías, le dio la oportunidad, aprendiendo gran parte de los secretos de la coctelería.
Muy pronto emigra a Rancagua, donde en 1986 el dueño de la Carpa 4, donde trabajaba ya otro destacado pichilemino -Manuel Olivos- le dio la oportunidad de trabajar allí. Y tras un año allí, tentado por el dueño del Café Haití éste lo enrola en su local hasta el día de hoy donde se ha forjado un gran prestigio en su labor y, paralelamente, formando su familia.
Animado por sus sueños y clientes, como asociado al gremio de la coctelería, participó en competencias regionales y nacionales, hasta que en el año 1994, en el certamen realizado en la FISA, fue uno de los ganadores nacionales, al adjudicarse como triunfador en la categoría Destreza, dándole orgullo a su local, a su región y particularmente a su tierra de origen, Pichilemu.
No fue solo ese triunfo, a nivel regional ganó en Santa Cruz, Rancagua y Pichilemu; pero algo que es innato y que saben valorar su empleador y clientes, es la afabilidad y sonrisa en el momento oportuno, como su trato que le distingue y donde queda reflejada la vieja escuela que no olvida, en tanto -en el medio- se destaca como todo un personaje entre sus fieles parroquianos.

¿Qué se bebía en el pasado?
Es una pregunta que surge y para saberlo, recurrimos a un hombre ligado a la actividad que hemos tratado; pero que -como investigador y autor de varios libros- suponemos, puede que haya investigado al respecto. Su nombre, Antonio Saldías.
“En realidad, específicamente sobre el tema no he investigado. Sin embargo, por experiencia y haber compartido en algunas ocasiones con el dueño del Chinos 's Bar -donde aprendí mucho con él- puedo decir que, de boca de Guillermo Bradley Cerón, más conocido como el “Chino” Bradley -cuyo padre fue dueño del Gran Hotel “City”- le oí que hacia los años finales de la década del '60 incursionó en una noche en la Bodega que su padre mantenía bajo 7 llaves, llaves que no se las confiaba a nadie. Pero él -contó el Chino- logré obtenerlas y descubrió, aparte de vinos embotellados, una serie de licores finos importados, como Gran Marnier, Cointreau, Chartreuse, Cogñac y Brandy”.
“Por este dato -continuó Antonio- me imagino que, quizás acá en Pichilemu y sus hoteles no había una gran variedad de tragos; pero sin embargo si se bebían licores finos como los señalados. No obstante, de los años '60 en adelante, lo más fino que se servía como aperitivo, era el Pisco Sour, el que se preparaba -aparte de pisco, jugo de limón, azúcar y hielo- clara de huevo que le daba una atractiva espuma. También el Pichuncho, Vaina y combinados -donde el más famoso pasó a ser la Cuba Libre (ron, bebida cola y hielo)- que competía con el Gin con Gin. Posteriormente, entró con fuerza la Piscola, en base a un pisco -de grados de alcohol y marca a pedido del cliente- bebida cola y hielo.
Tanto el Gin con gin, la Cuba Libre y la Piscola llevaban además una o dos torrejas de limón; lo cual -con el correr del tiempo- fueron eliminándose … Un poco, lo que pasó con la clara de huevo en el Pisco Sour ...
Así y todo, bastante demanda tenían los “Arreglados” en base de vino blanco, gaseosas y toque de cognac u otro destilado como aguardiente. Asimismo, el típico Chuflay.
También, me recuerdo que en los restaurantes de la época, como el Rex, el Ducal, el Bristol, el Jamaica, el Hawai, Rancho Grande, entre otros, a la hora del aperitivo eran muy solicitados los “Ponches” y/o “Borgoñas”, ya en vino blanco o tinto -según gusto de los consumidores- y que llevaba frutilla, o chirimoya, o plátano, o durazno (de la estación o en conserva).
Es muy posible que eso haya sido parte de la decadencia del balneario en general después de la llamada edad de oro en la primera mitad del siglo XX.
Anterior a eso lo único que recuerdo es la mención de un copete creado por el Tabo González, que nunca supe en que consistía y que llamó “Pichilemu a las quince”. Me imagino que debe haber sido un bajativo”.
Así y todo, pienso que la sangre joven que aprendió coctelería -ya practicando y haciéndose asi mismo- o a través de cursos como los que se hicieron por iniciativa privada, fueron importante al incorporarse en los establecimientos locales, como la experiencia que trajeron quienes emigraron y volvieron posteriormente con emprendimientos que desde los '80 siguen como una alternativa a la hora de servirse un buen trago”, concluyó Antonio Saldías.

Nota: Si quedó con sed (de seguir conociendo detalles), prometemos en breve unas crónicas que se titularán “Detrás de la barra” con otros aspectos sobre estos pichileminos destacados, serie que seguiremos con el “Nono”. Luego con el “Huaso Pituco” ….

Nota 2: En nuestra cuenta de Facebook: Pichilemunews Cl podrá ver gran cantidad de testimonios gráficos de garzones y barman de todos los tiempos ....

Fotografías: Archivos "pichilemunews"/WSG/Familiares de garzones y barman.

NOSOTROS

Periódico Pichilemu
Fundado el 25 de enero de 1944
Carlos Rojas Pavez

Edición Online
Fundado el 14 de enero de 2000
Washington Saldias G.

REPORTAJES

POETAS