
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Mario Isidro Moreno (*) – 03.10.2026
La vida aventurera de Luis David Barrientos Drpic, es una verdadera novela de acción. En la memoria de muchos magallánicos permanece archivado el genio y figura de este popular personaje que hoy vive en su parcela, pasadito del parque Chabunco a mano derecha, disfrutando de sus recuerdos y de su familia que ha heredado su tesón y empeño para vivir con dignidad y un pasar grato, a pesar de los escollos que se presentan en la huella.
Tal vez su nombre completo no nos diga nada, pero cuando mencionamos al “Huaso Barrientos” o al “Cowboy Barrientos”, muchos se trasladarán con sus recuerdos a la Peña Campesina que mantuvo en su propiedad ubicada en terrenos que pertenecieron a la estancia Pecket Harbour, de los Menéndez.
Nace el 21 de junio de 1936 en la ciudad de Punta Arenas; hijo de Enrique Barrientos Clerc, militar de ascendencia chilota y suiza y de Estefanía Drpic Galetovic, descendiente de croatas. Tuvo un hermano, Jorge Enrique.
“Nuestra niñez la pasamos en nuestra casita ubicada en calle Capitán Guillermos, frente a la población Williams y al cerro de los Ladrones. Este último lugar, conocido también como Cerro de las Margaritas, era nuestro sector de juegos y pololeos. Cercana estaba la antigua escuela 12, cuya cuidadora era la señora Loreto Saldivia.
Programábamos nuestros paseos hacia el sector de los cerros para ir a buscar frutillas silvestres y calafates. Había que madrugar para llegar primero y agarrar el manchón. Además de esos frutos, se recogía sabrosas callampas y la chicoria –conocida también como diente de león-. Cosechábamos bastante y la vendíamos.
Yo tuve la dicha de haber estudiado en la antigua escuela 11, donde hoy está el colegio Croata. Era una especie de escuela de campo que llamaba a clases con una vieja campana cuyo sonido se escuchaba desde muy lejos. Su director era Agustín Barrientos. Compañero mío fue Álvaro Soto Bradasich, el gran médico de Punta Arenas.
En la época de invierno nosotros mismos nos encargábamos de construir los trineos, con tablas de cajón, a los cuales les poníamos unos zunchos para que resbalaran mejor. Para impulsarnos, un trozo de palo de escoba en cuya punta se le ponía un clavo. Cualquier charco para nosotros era una cancha de patinaje.
Yo, llegué hasta sexto preparatorias, feliz y contento porque todo lo que sé me lo ha dado la universidad de la vida; la mejor escuela.
Cuando salí del colegio me dediqué a las actividades de campo. Me incentivó el hecho de cuando estaba mirando por la ventana de la escuela 15, del barrio Prat, vi pasar un arreo de caballares por calle Zenteno. Era una tremenda tropilla que llenaba un par de cuadras, la cual venía siendo seguida por muchos arrieros. Dejé mis libros y corrí escaleras abajo y seguí por muchas cuadras ese arreo, lo cual marcó mi vida para siempre.
Fui a trabajar al frigorífico de Río Grande, República Argentina. Laboré en el rubro lechero con don Pedro Goic, abuelo de la senadora Carolina. Repartíamos leche con carro en las poblaciones y también estuve en la faena de la leña. Me iba con el carro hasta Leñadura, a la parcela de los Stambuck, para realizar varios viajes con este combustible que vendía en Punta Arenas.
Me dediqué también a la compra y venta de animales. Siempre aspiré a ser alguien en la vida; nunca quedarme botado. Laboraba de noche y día. Mi vida era trabajar. Pero mi pasatiempo era cantar.
Por nuestra familia chilota, fuimos muy amantes del canto. Dicen algunos que hasta podemos ser parientes de los integrantes de los Hermanos Barrientos, pero lo cierto es que yo tuve un primo, Jaime Barrientos, que en su época de gloria ganó todos los concursos del cantar de los barrios que se realizaba en Punta Arenas. Nadie lo superó y podría haber sido mucho más larga la carrera artística de ese muchacho.
Yo también actué cantando en el teatro Politeama. Un día me dio la idea de inscribirme en el cantar de los barrios. Venía del campo, no muy bien vestido, pero igual me admitieron. Y cuando me presenté en Radio Polar, canté el tema “El Valle del Río Rojo”, usando un sombrero tejano, por lo cual me conocieron como “el Cowboy Barrientos”, cuando cambié mi sombrero por uno de campesino chileno me bautizaron como “El Huaso Barrientos”.
Recuerdo que la canción, decía así: “Dicen que tu del valle te marchas/tu sonrisa y tus ojos se van/y esa luz que alumbraba mi vida/para siempre contigo se irá/Siéntate un momento junto a mi/por favor aún no digas adiós/y recuerda en el red river valley/a un vaquero que siempre te amó”.
Su vida está llena de anécdotas, he aquí algunas de ellas:
“Cuando yo trabajaba con mis carros acarreando leña, iba al sector de Pampa Redonda, donde los militares realizaban prácticas de tiro. Llegué en cierta oportunidad y logré autorización para ingresar a un campo ubicado detrás del polígono donde estaban los blancos, pero no podía salir hasta que ellos finalizaran su práctica. Cuando todo quedó en silencio pensé que ya había terminado y salí con mi carro justo en los momentos en que se produjo una gran andanada de disparos. El caballo, asustado, arrancó y rompió el carro y yo caí al piso. Llegó la ambulancia a socorrerme, pero yo, a Dios gracias, estaba sin problemas pero temblando entero del gran susto pasado.
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Mi abuela Leonida Clerc, de ascendencia suiza, vivía con mi abuelo José Barrientos Gallardo en un campo cercano a la ciudad. Era tiempo de invierno, de noche con luna. Sus hijos ya estaban acostados y se asomó por la ventana para comprobar si ya su esposo regresaba, cuando vio que venía en dirección a su casa un hombre caminando apresurado. El desconocido llegó hasta la vivienda y golpeó repetidamente la puerta para lograr que alguien lo atendiera e incluso empujó la portezuela para tratar de introducirse, sin lograrlo. Ante ello, siguió su camino hacia los cerros. Al poco rato arribó mi abuelo y bajándose del caballo le preguntó a su mujer: ¿Vino alguien acá?-
Al responder mi abuela afirmativamente, este le dijo: -Debe ser el hombre que acaba de asesinar a toda una familia en el Cerro de la Cruz”.
(*): Folclorista, investigador y escritor colchagüino, radicado desde 1967 en la austral ciudad magallánica de Punta Arenas.
Fotografía: Gentileza MIM.









































































































