
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Karina Zapata Peña (*) – 03.10.2026
A comienzos de octubre de 2012 fui a un laboratorio privado a ver la ecografía de mi hijo, en la semana 14. Allí me informaron que su corazón ya no latía y que, lo más probable, es que se hubiera detenido durante los días anteriores.
Pedí lo más lógico: que me extrajeran el feto fallecido. El Sótero del Río era el hospital que me quedaba más cerca y fui allí. Me lo negaron: aquí no hacemos abortos. Yo no había usado esa palabra. La puso el hospital, y con ella convirtió una pérdida en un problema moral. En ese momento el aborto estaba prohibido en Chile sin excepciones. No sé si la ley obligaba a negarse en un caso como el mío, y los especialistas lo discuten; lo que sé es cómo lo viví.
Luego me llevaron al Hospital FACH. Allí me sugirieron que, si quería que me sacaran el feto, quizás tendría que pagar una clínica privada, porque ellos no podían hacerlo. Estaban atados a leyes cristianas que no tenían nada que ver con la salud de una mujer, ni la vital, ni la psicológica, ni la emocional. Nadie se preocupaba de la salud de las mujeres. Pasó un mes y dos semanas, con mi cuerpo y mi cabeza en suspenso, hasta que, a fines de noviembre, volví al Sótero del Río. Me indujeron el parto en una sala común, junto a todas las madres que se llevarían a sus hijos vivos a casa. El mío, del porte de un durazno grande, ya no lo estaba.
Mi historia no es la peor. Lo digo porque sé que existen otras, más crueles, de niñas y mujeres que tuvieron menos opciones que yo. Pero es la que puedo contar.
Lo que cambió, y lo que no
En 2017 se aprobó la ley de tres causales: riesgo vital de la madre, inviabilidad fetal y violación. Fue un avance real. Entre junio de 2024 y junio de 2025 se hicieron 1.065 procedimientos bajo las tres causales y solo 15 debieron trasladarse a otro establecimiento.
Pero una ley vigente no es una ley cumplida. De 1.412 médicos obstetras contratados, según datos del Ministerio de Salud a octubre de 2025, el 40,4% se declara objetor en la causal de violación. En el Hospital de Cauquenes, el 100% de los obstetras objeta en las tres causales. Y el Sótero del Río, el mismo donde me negaron la extracción y donde un mes y dos semanas después me indujeron el parto, aparece entre los hospitales donde más del 85% de los médicos no realiza la tercera causal.
Esto importa por quiénes son las más afectadas. En 2024 hubo 89 interrupciones de embarazo en niñas y adolescentes; el 88% fue por violación y, dentro de ellas, el 58% correspondía a niñas menores de 14 años. Son niñas. Y lo que corresponde, ante eso, es que el Estado las proteja, las asesore y castigue con toda dureza a quienes las violan: violadores, pederastas, pedófilos. No al revés.
La culpa, otra vez
Hace unos meses, ciertos sectores de la política presentaron un proyecto llamado "Escucha su corazón". Propone que, antes de una interrupción en las tres causales, el médico ofrezca a la mujer escuchar el latido del feto. Parece inofensivo, pero el texto agrega que, si ella declina, el profesional debe negarse a practicar la interrupción. Es decir, para acceder a algo que la ley ya permite, habría que pasar por esa prueba. Incluso si fue una violación. Incluso si el feto no va a vivir.
Hoy el proyecto no será puesto en tabla por el presidente de la Comisión de Salud de la Cámara y perdió el patrocinio de una de las diputadas que lo firmó. Pero el intento no es nuevo, ni será el último: cada cierto tiempo vuelve a ponerse en duda lo que las mujeres decimos que vivimos. Yo sé cómo se siente que alguien decida qué puedes o no hacer con tu propio cuerpo, con un feto que ya no tenía vida.
Y está el otro discurso, el que dice que la natalidad cae por culpa de nosotras, porque salimos a trabajar. Los números son ciertos: la tasa global de fecundidad de 2025 fue de 0,99 hijos por mujer, la más baja de la historia. Pero de ahí a apuntarnos con el dedo hay un salto que los datos no hacen. Lo que sí miden las cifras oficiales es cuánto trabajamos en casa, además de afuera: las mujeres dedican 4 horas 57 minutos diarias al trabajo no remunerado y los hombres, 2 horas 52 minutos.
Nos piden más hijos, pero nos hacen cargar con más horas. Y cuando un embarazo termina mal, nos piden además que aguantemos.
Lo que pido
Soy pro vida, y por eso mismo respaldo el aborto en tres causales y el aborto libre: porque cuidar la vida incluye la de la mujer que está frente a ti. No pido que todas decidan lo mismo. Pido que cada una pueda decidir, y que el Estado esté ahí para asesorarla, protegerla y cumplir la ley que ya existe, en Santiago y en Cauquenes.
Yo no quería tener que usar esa palabra, y nadie debería tener que oírla como una acusación.
(*): Estudiante Administración en CFT Pichilemu, emprendedora, cuidadora y part-time de lo que aparezca, multimasking por necesidad y TDAH funcionando como navegador con 20 pestañas abiertas.
Imágenes: Gentileza KZP.









































































































