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Historia

Pichilemu: Cuando el ferrocarril aún no llegaba a los túneles, el trazado original “pasaba” a la Estación y seguía 500 metros más al sur-poniente  

Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Antonio Saldías G. (*) – 30.12.2025

Nota del Editor: Aunque nuestro más antiguo colaborador -desde el año 1975- ha escrito sobre este tema, consideramos de sumo interés en volver a replicarlo, puesto de lo que trata, nos lleva a imaginarnos un paisaje totalmente diferente a lo que es hoy el “casco urbano antiguo”.

En corto: El ferrocarril llegaba a las inmediaciones del Hotel “Empresa Pichilemu” (tras la muerte del creador del balneario, don Agustín Ross Edwards) sus arrendatarios -primero- y posteriormente sus nuevos dueños del hotel, pusieron al establecimiento “Gran Hotel Ross”.

De tal modo, que tras conocerse este proyecto, tanto autoridades como importantes vecinos clamaron a las autoridades superiores que “se acortara” en 500 metros el trazado por todos los inconvenientes que implicaba pasar el trazado del ferrocarril por el medio del pueblo: actuales calles Aníbal Pinto, Avenida Agustín Ross.

Fue tan potente y fundamentadas las razones, que las autoridades superiores tuvieron la voluntad de escuchar, evaluar, y aprobar la solicitud de las autoridades pichileminas y de los vecinos. Cosa que en estos días -mejor dicho en estos tiempos- las autoridades se hacen “las sordas, ciegas y mudas”: Ocurrió con el Puente de Cáhuil (en el lugar donde está el Puente). Miles de firmas de vecinos que se oponían al puente en ese lugar, pero las autoridades se empecinaron a “ponerlo ahí”. Una autoridad llegó a decirnos: “Es ahí o no hay puente y ustedes asuman esa responsabilidad”.

Hoy, ninguna razón fue suficiente para convencer a las autoridades de salud, que -como ciudad capital de provincia y cuya cantidad de habitantes aumenta cada día- el nuevo Hospital requería cambiar de categoría y dotarlo de servicio con especialidades médicas.

“No se escucha Paire”. Y, ahora, con lo complicada que está la ministra …

A 100 o más años

A un siglo de la llegada del primer tren de pasajeros a la Estación Pichilemu, cabe señalar que la naturaleza no provee trenes, esto es de “Pero Gruyo”. Usted Sabe… sin embargo es un dato que se suele pasar por alto.

El primer ferrocarril chileno y tercero en latino América fue el de Copiapó a Caldera, el propósito era servir al transporte de los minerales de plata de Chañarcillo y Puquíos hasta el Puerto de Caldera. Contó entre los inversionistas con el concurso de Agustín Edwards Ossandón, esposo de doña Juana Ross Edwards, cuñado de Agustín Ross Edwards, viejos conocidos en el mundo de la minería, finanzas, la hacienda, las comunicaciones, corretaje inmobiliario, la política…, etcétera. Son parte del conglomerado económico chileno más grande de la época, una fortuna superior a dos de los grupos actuales más importantes, Luksic y Angelini juntos.

Agustín Ross Edwards al cabo del último cuarto del siglo XIX posee una amplia experiencia y fortuna personal, más aún acrecentada por la gestión de la fortuna heredada por su hermana Juana, viuda de Agustín Edwards. Entonces surge la oportunidad de negocios del Puerto de Pichilemu por el interés del Estado de construir la infraestructura de un Puerto Comercial y Militar en un punto apropiado de la costa, entre los puertos de Valparaíso y Talcahuano.

Adquiere terrenos y financia la realización de estudios de ingeniería para instalaciones portuarias, ferrocarril y plan de negocios basados en la productibilidad de las principales haciendas de la región y la carga futura estimada a gestionar por el futuro puerto. De aquella época data su Memoria sobre los Ferrocarriles de Chile, presentada al Supremo Gobierno por Agustín Ross en 1892. Algunos años más tarde, el gobierno le dio una concesión para reconstruir y operar el ferrocarril de la Mina Loreto, de carbón, al Puerto de Punta Arenas. Mientras instruía al ingeniero Federico Page para que realizara el Plan de Negocios en las minas carboníferas de Curanilahue e impulsaba los estudios en Pichilemu, para el Puerto y el Ferrocarril.

Sobre el estudio del trazado ferrocarrilero al Puerto de Pichilemu, este contemplaba un trayecto diferente al que se aprobó, en definitiva, corría de la Estación de Yerbas Buenas hacia el sur para seguir por la ribera norte del Río Nilahue, llegar a Cáhuil y a Pichilemu en los terrenos que había donado gratuitamente al Fisco para elevar la Estación.

El proyecto final contempla dos Estaciones en Pichilemu; una de carga situada en el Bajo del Retamo y una para pasajeros en la Población Ross. El reclamo de los vecinos organizados y liderados por don Daniel Ortúzar y don Francisco Echeñique a los organismos del Estado, surtió como efecto la cancelación de la estación de pasajeros en Población Ross, mediante el Decreto 1878 del año 1910, principalmente por que el tendido ferroviario cortaría el libre acceso de la población Ortúzar a la playa. 

El episodio del 5 de enero de 1926 ocurrió después de más seis décadas desde su concepción y tras numerosos estudios fiscales y privados para sortear el trazado del Ramal desde San Fernando hasta el Puerto de Pichilemu, ¡El PUERTO!, este es el motivo principal que otorga sentido al ferrocarril, la complementariedad del transporte terrestre y marítimo. La conectividad de las regiones de Colchagua, Curicó y Maule, productoras de alimentos, y la demanda de los mercados mineros del norte del país. “Es la Economía…”, los negocios, no las ilusiones y los sueños. Y estos requieren inversión, recursos siderales, tanto más con la geografía que se debe sortear, Cordillera de la Costa en medio. ¿Cuánto costó el ferrocarril de Alcones a Pichilemu? Se pregunta el ingeniero Eugenio Bobillier. Y ¿Cómo lo medimos? El dinero, el tiempo, la distancia, las obras de arte; túneles, cortes, terraplenes, puentes, horas hombre, pérdida de vidas humanas…, etcétera.

Sin lugar a duda, el ramal de ferrocarril de San Fernando a Pichilemu fue un privilegio que nos duró en funciones, menos del tiempo que tardó su construcción. No supimos valorarlo y cuidarlo, como comunidad, como país. Así también, hoy no cuidamos debidamente los vestigios que aún nos quedan de ese legado ferrocarrilero; inmuebles ocupados, incendiados, restos abandonados y objetos de saqueo. Esa es una gran deuda que pesa especialmente en las conciencias de quienes nos lideran. Este podría ser el momento de una inflexión y asumir el compromiso de rescatar y poner en valor el patrimonio ferroviario de nuestra comuna.

(*): Investigador, escritor pichilemino (autor de varios libros sobre Pichilemu y otras comunas).

Documentos: Gentileza ASG.

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