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Historia

PICHILEMU: “UN SIGLO SOBRE RIELES EN LA MEMORIA DEL VIAJERO”

Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Ramón Lizana Galarce (*) – 04.01.2026

Viajando a través de la imaginación y el ensueño se puede recorrer un siglo conectando una fecha llena de simbolismo como lo es el 05 de enero del 1926 con la del 05 de enero del 2026, tramo de 100 años que recuerda el primer recorrido del tren de pasajeros procedente de San Fernando con destino a Pichilemu.

Es una centuria interrumpida el 09 de marzo de 1986, fecha en que el tren de pasajeros desde la estación de Pichilemu se trasladó a San Fernando por última vez, dejando en la memoria del viajero recuerdos, anécdotas y nostalgias de aquellos tiempos que nunca volverán.

05 de enero de 1926

En San Fernando autoridades civiles y eclesiásticas se aprestan a inaugurar el tramo del tren de pasajeros de San Fernando hasta la estación terminal de Pichilemu. Una solemne ceremonia con corte de cinta le abre las puertas a una locomotora a vapor que arrastra un vagón de carga, un carro de primera y tres de segunda para pasajeros.

Serpenteando el “río Tinguiririca” y al son de una estridente banda de guerra el tren se desliza sobre las líneas haciendo sonar el silbato al aproximarse a las estaciones que enarbolan banderas chilenas al igual que las que cubren a la locomotora y a sus vagones.

Las autoridades y demás viajantes a través de las ventanas asoman sus cabezas y brazos agitándolos ante la concurrencia que se agolpa en la “estación Paniahue”. Huasos a caballos venidos de Santa Cruz les esperan con “chicha en cacho” para todos los viajeros. Unas cantoras locales canturrean para los tres pies de cueca de las parejas chepicanas y cunaquinas que bailan para las autoridades allí presentes, provocando el deleite de los mismos y de los asistentes.

Suena el silbato y todos arriba del tren para continuar el histórico viaje. En “Palmilla” la máquina se abastece de agua mientras los viajeros aprovechan de adquirir frutas y golosinas que ofrecen un grupo de venteras palmillanas que dicen que sus productos son los mejores de la zona.

El tren avanza hacia su próximo destino cual es “Peralillo”. Allí gente venida de los alrededores ondea pañuelos blancos mientras payasos y saltimbanquis realizan acrobacias y piruetas mostrando la alegría del peralillano y de sus autoridades que efusivamente saludan a los viajeros sin distinción de ninguna especie.

Nuevamente suena el silbato reiniciando el tren su marcha hasta la próxima parada situada en la “estación de Alcones”. Desde la “Peña Blanca” y de “Mallermo” llegan en carretas, coches y, a caballo los lugareños para participar de un acontecimiento extrañamente nuevo para ellos. Asombrados observan ese largo aparato capaz de deslizarse sobre esos rieles matemáticamente puestos en paralelos uno al lado del otro.

Hay que continuar la marcha, ahora con un leve temor puesto que hay que cruzar la cordillera de la costa subiendo cuestas y cruzando túneles. En marcha lenta e impulsada por la acción del vapor del agua la locomotora arrastra sus vagones hasta alcanzar la “estación El Lingue” inmediatamente después de pasar el túnel “El Árbol” de casi dos kilómetros de longitud.

Sin contratiempos se sigue avanzando hasta la “estación Larrain Alcalde”, penúltima estación antes de alcanzar la estación terminal de Pichilemu. Allí los Ciruelinos cruzaron esteros y quebradas para estar presentes y observar ese adelanto que resultaba una obra de increíble construcción sin darse cuenta de que por largo tiempo sería el medio más eficaz para comunicarse fuera de su mundo.

Comienza el descenso hacia la última parada. Cuando se alcanza el “puente de fierro” el silbato del tren anuncia la llegada y acto seguido la banda de guerra que viene ubicada en el vagón de carga comienza a tocar “The Charlestón” de James Johnson y culmina en la estación con el “himno nacional de Chile”.

Desde “puente negro” hasta la estación terminal los pichileminos se encuentran agolpados en ambos costados de la línea portando pañuelos blancos y banderas chilenas que ondean en señal de satisfacción por la llegada del progreso que redundará en un mejor estilo de vida para todos sus habitantes.

En la estación misma las autoridades allí presentes se estrechan en un efusivo abrazo mientras la multitud amontonada en los alrededores aplauden a rabiar los discursos que hablan del porvenir y de los nuevos vientos que llegarán a Pichilemu como consecuencia de este apoteósico acontecimiento.

09 de marzo de 1986

Transcurridos 60 años, el último tren de pasajeros se apresta a partir desde Pichilemu a San Fernando dejando tras de sí una estela de recuerdos, historias y anécdotas. Un lánguido silbido anuncia su salida. Una ensombrecida “estación” pichilemina lo despide y a medida que avanza se suman la “tornamesa”, la “sala de máquinas”, la “bodega” y las “viviendas” de sus trabajadores que se sitúan en ambos lados de la línea hasta alcanzar el mismísimo “puente negro”. Ya no hay pañuelos blancos ni banderas chilenas, sólo viajan en ese tren recuerdos, anécdotas y nostalgias.

Sale a su encuentro la “estación Larraín Alcalde” ahora vacía por dentro y por fuera. Más allá “el caballo de agua” descarga sus últimos goteos, ya sin fuerzas, como consecuencia de sus largos años de alimento para todas aquellas locomotoras que necesitaron de su sustento.

Un desalentado túnel “El Quillay” o “El Curvo” le autoriza al último tren lo cruce sin contratiempos y acto seguido le avisa a los túneles de “El Árbol” y a “La Viña” para que le permitan continúe su último viaje.

Con el puro traqueteo se llega a “Peralillo”. Ya no hay pañuelos blancos, autoridades, payasos ni saltimbanquis. Todos desaparecieron quedando sólo la estación junto a un andén que será un amigo más de la desolación y la tristeza.

En la estación “Paniahue” un hijo santacruzano apostado sobre una tarima de cajones en desuso, balbucea un discurso que sólo lo escucha el silencio reinante que envuelve el ambiente. Destaca el glorioso pasado de un tren que cruzaba de oriente a poniente y viceversa tres veces al día, provocando un movimiento comercial y humano que a la postre significó el crecimiento y desarrollo de pueblos que emergieron a consecuencia de las estaciones que debieron instalarse en todo el trayecto férreo y que unieron el valle con la costa del pacífico.

En “Centinela” un solitario operador autoriza el ingreso a la “estación de San Fernando” a un tren que ya utilizó todas sus fuerzas y que hoy se arrastra usando sus últimas energías y potencialidades.

En San Fernando ingresa al andén central dejando a un solitario pasajero que lo acompañó en este su último recorrido portando ese cúmulo de alegrías, nostalgias y pesares de todas esas generaciones que utilizaron sus servicios. Desde allí, el último tren se trasladó a una línea secundaria donde agoniza desde entonces abandonado a su suerte ya sea esperando su muerte o quien sabe su resurrección.

05 de enero de 2026

Este 05 de enero de 2026 no es de celebración sino tan sólo de conmemoración. Se recordarán 100 años desde el primer arribo del tren a la estación terminal de Pichilemu y por ello se realizarán actividades culturales y artísticas especialmente en la que otrora fuera la estación del tren que en su conjunto contaba con oficina, boletería, hall, andén y bodega.

La tremenda infraestructura construida a lo largo de 119 kilómetros de línea férrea en un periodo de 57 años hoy ha muerto o en su defecto agoniza.

La “estación de Pichilemu” sufrió un incendio, la “bodega” se ha convertido en albergue de malvivientes, la “tornamesa” no es más que un recuerdo en desuso, la “sala de máquinas” desapareció con cimientos incluidos, las “viviendas” se derrumban a consecuencia de su abandono, los “rieles” fueron a parar a alguna fundición o quizás derivados a otro tipo de construcción, el “caballo de agua” se fue para “Ciruelos”, los “durmientes” se fueron para el norte del país y los túneles y puentes totalmente abandonados se mantienen por sí mismos sobreviviendo con sus últimos suspiros.

En lo relativo a las 14 estaciones de trenes y a las 2 paradas que unieron San Fernando con Pichilemu hasta hoy no se ha visualizado un proyecto de reconstrucción de tan magnífica obra que nunca debieron dejar morir.

Lo único que se observa es desidia y desinterés de autoridades que subestiman el sobresaliente esfuerzo realizado por nuestros antecesores que dieron vida a un gran número de poblaciones y al balneario mismo de Pichilemu como consecuencia de la creación del ramal San Fernando-Pichilemu.

(*): Profesor Universidad de Concepción (Formado en esa casa universitaria penquista).

Fotografías: Archivos “Pichilemunews”.

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