
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Mario Isidro Moreno (*) – 01.02.2026
Don Diego de Día, don Diego de Noche, enredadera de mis recuerdos, permaneces en mi memoria con tus flores azules que abren sus corolas al sol del amanecer.
Ipomea Purpúrea; te llaman Suspiros y Aurora de México, Manto de María y Gloria de la Mañana.
Hoy, al leer o escuchar los nombres de este capullo, me parecen cuentos de hadas; ayer, tomaba esa flor cuando en las tardes, cerraba su estructura tubular en forma de trompeta yo la hacía estallar en mis maléficas, pero inocentes manos infantiles.
Las aguas del estero Guirivilo que recorrían los entornos rurales y viñedos del Valle de Colchagua, traían sus semillas y las sembraban en las orillas.
Así, llegaron hasta el patio de mi casa que colindaba con su borde oeste, mientras que la otra orilla besaba las tierras de las viñas de don Exequiel Fernández.
Hoy, todo ha cambiado; en un lado está el patio de acceso al Museo de Colchagua, de la Fundación Cardoen, una de las muestras privadas más completas e importantes de Sudamérica.
Hacia el poniente, un muro adornado por esta linda enredadera detonada de Suspiros, rivaliza en belleza con las acacias y palmeras, representantes genuinas de la flora colchagüina.
Al inicio de la parte norte de la calle General del Canto, donde hoy día se levanta un edificio destinado a salón de eventos, estaba mi casa y nuestro boliche de menestras, al que concurrían a comprar hasta nuestros vecinos, los Carabineros de la Segunda Comisaría de Santa Cruz.
Mi pensamiento se eleva como los volantines, ñeclas, pavos y hasta chonchones que fabricábamos con papel de seda de diversos colores y para los maderos o palillos utilizábamos el cañaveral que crecía en la orilla del curso de agua al lado de nuestra vivienda.
¡Cuántos recuerdos me trae esa enredadera florecida!
Como alguien dijo: “eres la compañera nocturna, confidente del alma adolorida y como “Galán de la Noche”, eres el amor que regala su aroma sin pedir nada a cambio”.
Por eso, cuando llegue la hora del crepúsculo de mi existencia, gozaría empequeñecerme tanto, que cupiera en la corola del Suspiro y que, al cerrarse, me guardara para siempre junto a los preciados recuerdos de mi vida colchagüina.
(*): Investigador y escritor colchagüino, radicado desde 1967 en Punta Arenas.

































































































