
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Karina Zapata Peña (*) – 24.10.2026
Cincuenta y seis. Ese es el número. Entre el 11 de marzo y el 13 de septiembre de este año, el Ministerio de Justicia firmó 56 decretos que rebajan la condena de personas sentenciadas por delitos sexuales contra menores: 29 por violación y 27 por abuso sexual. Uno cada tres días. Solo rechazaron una solicitud.
Y nos enteramos recién el 21 de octubre. No porque el gobierno lo contara, sino porque el medio Interferencia lo sacó por Ley de Transparencia.
Cada decreto lleva la fórmula “por orden del Presidente de la República”. Léanlo otra vez.
Ni siquiera sabemos cuántas personas hay detrás de esos 56 decretos: el ministerio no respondió esa pregunta. Tampoco sabemos quiénes son ni si ya salieron en libertad. Hubo que pedirlo por Transparencia, y la bancada PPD-Independientes recién ahora exige los nombres, las causas y las penas rebajadas.
Hay una ley, la 21.421, de 2022, que excluyó justamente a quienes violaron o abusaron de niños de este beneficio. El ministro Rabat dice que no rige para delitos anteriores a esa fecha y que solo aplicó “la doctrina de la Corte Suprema”. BioBioChile ya mostró fallos recientes de la Suprema que contradicen ese criterio. Y hay algo más: antes, a quien le negaban la rebaja iba a tribunales y era un juez el que decidía. Esta vez, según Interferencia, ninguno de los 56 pasó por un tribunal. Desde el propio oficialismo lo explican con “economía procesal”. Economía procesal. Hablando de violadores de niños.
Las rebajas se amparan en la Ley 19.856, que premia la buena conducta de los presos. Buena conducta. Se premia a quien se portó bien en la cárcel, y el premio es salir antes. ¿Cuánto vale la conducta de un preso frente a la vida entera de una víctima?
No me vengan con tecnicismos. Hay una decisión política y tiene firma.
¿Y la reacción de La Moneda? Calificó la noticia de “malintencionada”. No los decretos: la noticia. Se ve que lo grave no era rebajarle la pena a quien violó a un niño, sino que nos enteráramos.
Aunque el ministro tuviera razón en el papel, queda una pregunta: ¿había que hacerlo? Alguien eligió firmar cincuenta y seis veces. Si una ley se aprobó en 2022 para que esto no pasara, y hay dudas sobre si rige, la duda debería resolverse a favor de los niños, no de quien los violó.
Cuatro días antes de que esto saliera a la luz, el 17 de octubre, parte de la derecha se juntó en Expofamily, una cumbre para “celebrar el rol fundamental de la familia: padre, madre e hijos”. Entrada a 90 mil pesos. La promocionaron la senadora Vanessa Kaiser, Johannes Kaiser y el diputado Kast Adriasola, entre otros. Entre los invitados, un cura argentino conocido por difundir que se puede “salir” de la homosexualidad.
No digo que una cosa cause la otra. Digo que muestran la misma moral: dura con unos, blanda con otros. A los homosexuales les ofrecen “salir”. A quien violó a un niño le rebajan la pena. Con mis hijos no, dicen, y se declaran provida. Pero si el abuelo violó a sus nietas, eso es un secreto de familia.
Y no soy yo sola. La presidenta del Senado, Paulina Núñez, de RN, pidió dejar sin efecto esta excepción. Diputados de su propio partido presentaron una reforma constitucional para frenarlo. El PC junta firmas para interpelar al ministro, y el senador Rojo Edwards (Ind-RN) no descarta una acusación constitucional. Cuando hasta los tuyos te piden corregir, no es un invento de la oposición.
Yo lo tengo claro: si una persona tiene consideraciones con los pedófilos y los admira, no es de confianza. Es nefasto. Es repudiable. Y un presidente que firma esto mientras su sector vende la familia como bandera tiene valores selectivos. La violencia sexual contra los niños está normalizada en este país, y da lo mismo si le pasa a los suyos o a los otros, porque ellos tienen el poder.
Un secreto de familia es eso que todos saben y nadie nombra. Un decreto firmado sin aviso funciona igual: se hace en silencio, esperando que nadie pregunte. Y quienes terminan pagando el silencio, otra vez, son los niños.
A quienes votaron por este gobierno, una pregunta incómoda: ¿también lo van a defender? ¿Van a repetir “economía procesal” frente a una niña que fue violada? ¿O van a admitir que se equivocaron de gobierno?
Yo no quiero que cierren este texto tranquilos. Quiero que les quede ese nudo. Porque la indiferencia también es una forma de firmar.
Dios, patria y familia: una puesta en escena. Yo me pregunto a qué justicia le rezan y le prenden velas.
(*): Columnista, madre y emprendedora local.
Gráfica: KZP.











































































































