
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Ramón Lizana Galarce (*) – 24.08.2025
Fue en la medianía del siglo pasado cuando Armando Espinoza, padre de Rubén Espinoza se instaló en su propiedad con un local bailable en la esquina de Aníbal Pinto con José Joaquín Aguirre, específicamente en un ala donde se sitúa hoy el Restaurante “Ducal”. Seguidamente Aliro Miranda Gaete, Luis Pérez Llanca y Ricardo Moreno solicitaron a la Ilustre Municipalidad de Pichilemu los permisos correspondientes para que dicho local funcionara como “Quinta Las Brisas”, a objeto de otorgarle una nueva alternativa al veraneante.
Para el caso traían a la “Festivalera Santa Cruz” amenizada por el versátil Juan Carlos Romani intérprete de distintos estilos musicales.
La estructura consistía en un patio cubierto de aserrín con un largo mesón en un extremo, algunas mesas en su entorno, más unos baños de madera, un escenario del mismo material y un techo de ramas de eucaliptos.
Durante algunos años fue el epicentro de la diversión toda vez que ahí llegaban veraneantes y lugareños a disfrutar del grato ambiente criollo que atraía de sobremanera al visitante.
Las chiquillas de la época, todas lolas, en familia se aproximaban a ese centro de diversión a mover el esqueleto al ritmo de la cumbia, el corrido, el vals y el twist. Le hacían nata a la Grapa con cuatro Coca Colas, así como también a la jarra de arreglado de vino blanco con durazno, melón o frutilla.Primaba el respeto toda vez que los galanes al acercarse a alguna dama debían pedir permiso a sus padres si sus intenciones eran sacarlas a bailar. Con el visto bueno de los padres, los avezados jóvenes podían bailar con la niña toda la noche, no sin antes ,secretamente, acordar una cita para el día siguiente allá por la playa “Las Terrazas”.
Después de algunos años, Luis Pérez Llanca y Aliro Miranda Gaete solicitaron a la Ilustre Municipalidad de Pichilemu la instalación del mismo local a los pies del Hotel “Luxor” en la Laguna Petrel próximo al puente peatonal que conduce a la estación de trenes.
A la construcción le dieron una forma circular con unos baños en un extremo y con un largo mesón con estante lleno de diversos licores y con un techo de paja entretejida que seguramente fue extraída de ahí mismo de la laguna ubicada al frente del local.
La pista bailable era de forma circular, mezcla de arcilla con tierra de color rojo y la música igualmente estaba a cargo de la “Festivalera Santa Cruz” liderada por Juan Carlos Romani y de un destacado músico no vidente, encargado del piano, acordeón y bajo.
En el mesón Aliro Miranda Gaete y Luis Pérez Llanca y como garzones el divertido Raúl Flores junto al joven Luis Pérez Leiva.
Quinta “Las Brisas” alegraba las noches veraniegas pichileminas incluyendo anécdotas que quedaron en la conciencia de más de algún lugareño, tal como es el caso de Juan Quinteros, el famoso “Che Juan” nacido en “Pueblo de Viudas” que se aventuró a la Argentina y que con el paso del tiempo volvió a Pichilemu con un marcado acento argentino. Este personaje llegó a la Quinta acompañado de su pareja del vecino país, con la característica de que ambos vestían elegantemente de blanco. Primero pidió le permitieran cantar el tango “Volver” destacando las estrofas: “volver, con la frente marchita”; “sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada”…
Ante la aceptación de la concurrencia que le aplaudió a rabiar, pidió le permitieran bailar un tango con su pareja. “Póngaselas todas maestro” y que sea “La Cumparsita” le dijo a Juan Carlos Romani y se lanzó al centro de la pista. Con pasos bien coordinados y provocadores acompañaba el ritmo del tango hasta que en una vuelta su compañera enreda el taco aguja de su zapato en la bastilla del pantalón de “Che Juan”, cayendo ambos estrepitosamente al piso, quedando para el caso completamente embetunados con la tierra de color roja provocando risas y aplausos incontenidos de los asistentes.
Hasta ahí nomás llegó la prestancia y elegancia de “Che Juan” durante esa estancia en Pichilemu.
En otra ocasión, Raúl Flores, reconocido garzón, natural de “Pueblo de Viudas” tenía la cualidad de poder desdoblar su personalidad pudiendo ser cantor, cómico y hasta vestirse de payaso. En pleno verano y mientras realizaban el aseo la chiquillada allegada a la familia como Aliro “Pepe”, José y Juan Carlos Miranda, el Carlos Carreño, el Hugo Silva y el Fernando “Nano” Pérez divisan en el puente peatonal pasearse a una voluptuosa rubia cubierta tan solo con una bata blanca. Se paseaba con movimientos provocativos dejando ver deliberadamente sus muslos. Los cabros llamaron a Luis Pérez y a Aliro Miranda para que se deleitaran con semejante muñeca rubia. Los aludidos quedaron embelesados con la figura hasta que esta desapareció entre los árboles. Al cabo de un rato vuelven los chiquillos a llamarlos diciéndoles que la mujer había vuelto. Se aproximan corriendo, encontrándose nuevamente con la persona en el puente con su bata completamente abierta y mostrándose totalmente desnuda. Era Raúl Flores quien se había colocado una peluca rubia y una bata blanca engañando a Lucho Pérez y Aliro Miranda quienes ofendidos por la “talla” lo suspendieron dos semanas de la “pega”.. y todo por hacerse el chistosito con sus jefes.
(*): Profesor Universidad de Concepción, formado en esa casa universitaria penquista.
Fotografías: Archivos “Pichilemunews”.

































































































