
Fuente: www.elrancaguino.cl– Por: Pía Inostroza – 24.03.2026
Tras su histórico paso por los Parapanamericanos, el nadador chileno entrega un testimonio clave sobre el encuentro de la clínica del autismo y la exigencia deportiva.
Hace tan solo unos meses Agustín Pavez hacía noticia tras consagrarse como el deportista chileno que más medallas ha obtenido en unos Juegos Parapanamericanos Juveniles en la historia de nuestro país. Cargando al cuello cinco oros y una plata, el joven mostazalino expuso, en compañía de su círculo más cercano, un tema que sigue siendo tabú: la vinculación del autismo en el deporte de alto rendimiento y en contextos de exigencia.
Familiarizado con el agua desde los tres años por los talleres de iniciación, Agustín ya dominaba cuatro estilos de natación a los seis años. Su madre Marlicet, quien es profesora de educación física, recuerda que lo integraba a los talleres de iniciación del Instituto Nacional del Deporte (IND); desde que cayó al agua por primera vez, según relata, Agustín “no paró más”. Así destacó desde temprana edad, logrando a los ocho años posicionarse como multicampeón chileno en la Federación Chilena de Deportes Acuáticos (FECHIDA).
A los trece años se integró al club de natación Flamengo en Brasil y a los catorce ya integraba la selección chilena llegando a competir en Colombia y Argentina. Sin embargo, fue durante su paso por el equipo carioca donde su padre, Víctor Pavez, notó rasgos que no lograban descifrar, como una repetición constante de ideas o un comportamiento acelerado. A la par, Agustín enfrentaba una etapa marcada por dificultades en su rendimiento, la aprehensión constante de los entrenadores y una dificultad para socializar con sus pares: «Ahí fue cuando se me fue desarrollando la discalculia, aparte del autismo. No sabía medir mi ritmo, iba todo muy rápido porque no podía controlar mi velocidad y frecuencia», señaló.
El encuentro de la clínica del autismo con el deporte de alto rendimiento
Tras buscar respuestas inicialmente en internet y con especialistas brasileños sin éxito, el camino los trajo de vuelta a un diagnóstico formal en Chile a los 15 años. La llegada de la psicóloga Francisca Torres fue clave. Según explica la profesional, lo que a menudo se etiqueta como «problema» son, en realidad, formas distintas de organización neurológica: «Tenemos estas expresiones; el discurso repetitivo, la hiperfocalización, la hipersensibilidad a los ruidos y al movimiento. Características que, desde el neurodesarrollo, son formas distintas de funcionar», señaló Torres.
Entonces, ante la dificultad para adaptarse a las señales o indicaciones tradicionales por parte de los entrenadores, la tarea fue hacerse de nuevos mecanismos que sí se adapten a su percepción sensorial. Para Agustín la clave es una: el dolor. “Por ejemplo, para mi máxima velocidad tengo que sentir el mayor dolor posible para saber que puedo hacer mi mejor tiempo e igualarlo. He intentado memorizar el dolor que siento en cada tiempo para poder saber en cuál es que voy”, asegura.
Esta meticulosidad se traslada también a su preparación estratégica. Antes de cada torneo, Agustín junto a su padre estudia a todos sus rivales revisando planillas y visualiza la competencia bajo un prisma particular: el error. «Cuando me enfoco en todo lo que me puede ir mal, después, cuando llega el día de la competencia y solo sale algo mal, me quedo un poco más tranquilo ya que por algún lado pude haber sabido que eso iba a pasar. Me enfoco en estar en el error más mínimo y asumir ese escenario como algo que ya pasó», explica el nadador.
Tras un exhaustivo análisis por parte de especialistas, Pávez se integró al deporte paralímpico y durante 2025 triunfó en el World Series de México y como parte del Comité Paralímpico de Chile (COPACHI), donde su destacada participación en los Parapanamericanos (clase S14) lo consagró como la máxima figura nacional del evento con seis medallas en total.
Para Francisca Torres, el diagnóstico fue un proceso de autoconocimiento vital para Agustín. «Él se ha dedicado estos dos años a potenciar quién es desde su característica más básica. El costo emocional de ‘parecer normal’ es altísimo; en el autismo, el discurso del esfuerzo ciego puede costar la vida. Por eso, entenderse es básico para poder rendir», afirma, destacando que la ansiedad y la rigidez cognitiva del deportista han sido canalizadas hoy hacia la disciplina deportiva.
Las proyecciones
El camino inmediato es internacional y el horizonte es ambicioso: Agustín acabade ser fichado por el club Vasco da Gama en Brasil, preparándose en condiciones extremas de humedad y temperatura para seguir rompiendo récords. En tanto, tras su histórico desempeño en los Parapanamericanos, su mirada está puesta en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028, con el sueño de estar entre los cinco mejores del mundo: “Simplemente, hay que sacarle provecho al fruto que nos dieron al nacer”, asegura Pavez.
Fotografías: El Rancagüino

































































































