
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Mario Isidro Moreno (*) – 30.11.2025
En busca de mis raíces lololinas y hurgando entre las memorias familiares, encontré una historia muy particular; mi abuela Primitiva, una hermosa dama de raíces vascas, que paseó su hermosura en esas tierras en que la tradición se asienta en esas casas de tejas, adobe y corredores que emanan sus perfumes de camelias, calas, crisantemos y hortensias.
Al noreste del pueblo de Lolol, en la Sexta Región de Chile, se encuentra ubicada la localidad del “Rincón de los Ubilla”.
Es un hermoso valle, a los pies de los característicos cerros colchagüinos, con el verdor que le imprime la naturaleza forestal, matorrales y viñas, que riegan un canal que corre entre la falda de las lomas y la vega.
El lugar, actualmente, acoge a una población de casi un par de centenar de habitantes.
Esta cuenca luce esplendorosa con sus fragancias de amarillos aromos y en sus alrededores el dulce desafío de las suaves pendientes de los cerros invitando a ascender en busca de saborear el boldo, el maqui y los peumos, deliciosos al paladar.
La familia Ubilla, de raíces vascas, se estableció en ese valle pensando en que esa ocupación de tierras fértiles y bajas, mantenían conexión con sus orígenes hispánicos, replicando en aquel rincón lololino, sus casas nobiliarias o solares de Vizcaya y Guipúscua.
Allí nació mi hermosa abuela Primitiva.
Hasta su enlace, estuvo bajo la atenta y estricta vigilancia de Francisca, su madre, especialmente cuando viajaban en la cabrita al pueblo de Lolol. (Las cabritas eran coches tirados por un caballo y fueron introducidas a Chile por los europeos, hace más de dos siglos)
Al pasar por la Punta de la Piedra, la pequeña se entretenía en visitar las antiguas tacitas ancestrales que usaron los indígenas, donde se encontraba con los niños de la familia Gaete a los que le unía una antigua amistad y entre cuyos integrantes el destino le tenía preparado un compañero para toda la vida.
Primitiva, con el tiempo, se transformó en una bellísima joven a la cual le llovieron los pretendientes entre los que se repetían los apellidos Encalada, Zúñiga y otros.
Se dice que incluso dos rivales se batieron a duelo por su cariño.
La familia, rescató unos versos que, con algo de despecho, le escribió uno de sus admiradores.
A PRIMITIVA
Te casaste Primitiva
sin dar ninguna razón
dejando tantos varones
heridos del corazón.
Entre Santiago y Lolol
se escuchaban los lamentos
y este señor don Alberto
muy afligido decía:
“Adiós Primitiva Ubilla
prenda que tanto quería”.
Soy de aquellos infelices
por el mundo despreciados
y me llamo Alberto Zúñiga
soy uno de los coleados.
Primitiva ¡que te hice
pa´ que me hayas despreciado!
que por uno de los turcos
tú me hayas olvidado.
Dicen que Julio Encalada
es otro de los coleados
su cola está preparada
no es tan corta ni muy larga
como de veinte pulgadas.
El señor don Benedicto
con sus tarros se arrancó
y a estos dos caballeros
con cola se los dejó.
Epílogo: No hay fin en la vida, sólo ciclos de transformación: una hoja que cae nutre la tierra para que nazca el árbol.
La amistad infantil de los Ubilla y los Gaete, fueron un jardín de risas y aventuras, donde las semillas del amor se sembraron sin saberlo. Con el tiempo, esas semillas germinaron y florecieron en un amor que maduró como un fruto dulce y sabroso. Los amigos de la infancia Primitiva y Benedicto, se convirtieron en compañeros de vida, y su amor se fortaleció con cada recuerdo compartido y cada desafío superado juntos.
Fruto de este amor, nacieron y vivieron en la tradicional casona de la Punta de la Piedra once retoños, Ernesto, Hugo, Enrique, Gonzalo, Jorge, Lelo, Nano, Alicia, Nana, Tila y Silvia, que cual claveles y rosas, adornaron el jardín florecido entre naranjos y limoneros.
(*): Escritor e investigador santacruzano, radicado en Punta Arenas desde el año 1967.
Fotografías: Archivo MIM.
































































































