
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Ramón Lizana Galarce (*) – 29.06.2025
Aguas provenientes de la Quebrada del León que desembocaban en la “Laguna El Bajel”, seguían su curso hasta alcanzar el Pacifico entre las calles La Concepción y la José María Caro Martínez. Ahí se situó El Bajo Estación que más temprano que tarde aumentó sus construcciones aprovechando el beneficio, de que la Estación terminal de Ferrocarriles se instaló en su lado norte junto a la laguna Petrel.
Bajando por La Concepción construyeron sus casas la familia Prieto, los López Galarce y los Moragas. Por el frente, en la esquina, “La Culata” de los Miranda, y los Becerra del Restaurante las “3 B”. Por la otra esquina la botillería del Checho Escobar y más adelante la familia Catalán.
Cruzando la arteria La Concepción, entre la Caro Martínez y la calle La Laguna estaba la Residencial “La Ideal” de Luis Pérez Llanca y de sus hijos Lucho, Pirusa, Nano y Nena.
Lucho Pérez en su espacioso terreno dedicó toda su vida a faenar chanchos en la parte trasera de su inmueble. Cabeza de chanchos, prietas, patas de chancho, queso de cabeza, arrollado, catete, lengua, paté, chicharrones, trompitas, perniles, costillares y muslos aliñados formaban parte de un trabajo que no daba tregua durante todo el año.
Ayudaban en la tarea matarifes aficionados, pero expertos en ese quehacer, como el Eladio Lizana, el Alamiro Rojas, el Chulato, el guatón Lorca, Camilo Miranda y Collito Jorquera. La limpieza de las tripas y del relleno eran encargadas a Raquel Díaz mientras Eduardo “Lalo” Morales las hacía de “goma” puesto que donde hacía falta alguien, ahí estaba él, presto para el auxilio.
Compraba sus chanchos a familias que los criaban en sus casas del sector alcanzando a los 300 en época alta a los mismos que complementaban su engorde en los corrales del fondo del sitio con afrecho y desechos de las cocinas de algunas residenciales pudiendo faenar hasta 25 unidades semanales.
Un trabajo intenso y continuo que era completado con el despacho en cajas de los pedidos directamente a Santiago específicamente al sector de la Estación Central. Lucho Pérez llevaba sus cajas hasta el vagón de carga del tren siendo Gustavito el encargado de la custodia de las mismas hasta que eran entregadas a los compradores santiaguinos.
Visitantes de La Culata como Aliro y José Miranda, Raúl Flores, Mariano y Hugo Polanco, autoridades civiles, eclesiásticas y policiales no dejaban de pasar continuamente por ahí. Ismael Carrasco “Pelé” utilizando su ingenio fabricó un televisor con una caja rectangular de cartón y colocándose detrás de ella cantaba canciones de su nutrido repertorio, en consideración de que en esa época poco o nada se conocía la televisión, la misma que llegaba entrecortada y con imágenes parpadeantes que solo se estabilizaban medianamente si se le ponía una antena a gran altura y con el firme compromiso de girar el palo a cada rato.
El complemento del chancho era la chicha de la Peña Blanca que Lucho Pérez almacenaba en grandes cantidades en uno de sus depósitos siendo ese el pasar de La Residencial “La Ideal” dónde la música, la chicha en jarra, los perniles, chicharrones y el catete eran los añadidos perfectos de historias que no acababan nunca de ser contadas.
En el Restaurante “Las 3 B” el Tarsicio Becerra “El Tato” también faenaba, haciéndolo para uso exclusivo de sus clientes que se deleitaban con el arrollado y el queso de cabeza.
Por la Camilo Henríquez se situaba la Residencial “Argentina” de Guillermo Hernández, padre del Willy Hernández profesor de la Cardenal Caro, del Liceo José Miguel Camilo, de la Escuela de Cahuil y de la Larraín Alcalde. Guillermo Hernández igualmente faenaba chanchos a pedidos y también para el consumo local destacando también el buen servicio que atraía preferentemente a la gente del campo y de los alrededores.
Alamiro Rojas por la calle Caro Martínez faenaba de igual forma llevando sus productos a pedido a San Bernardo donde tenía sus mayores clientes.
En otros puntos del pueblo Pedro Herrera del Restaurante “El Rápido” por la Aníbal Pinto con J.J. Aguirre, Gustavo Urzúa por calle Carrera, Luis “Lalo” Pavez por la calle Independencia igualmente dedicaban parte de su tiempo a la faena de chanchos distribuyendo sus componentes comestibles en distintos sectores de Pichilemu.
Son los tiempos idos de ese Pichilemu de antaño del Bajo Estación. El tren ordinario, de carga y excursionista murió al igual que sus rieles y estaciones.
Las “3 B” del Tato Becerra cerró sus puertas, la Residencial Argentina fue restaurada recientemente para otros fines, La Culata está siendo derrumbada llevándose consigo gran parte de la historia del Bajo Estación, los Abarrotes de Waldo López se fueron a San Bernardo, el zapatero Moraga es historia, la Botillería del Checho Escobar fue derrumbada, la Residencial “La Ideal” de Lucho Pérez con pulmonía y próxima a entrar a terapia intensiva y donde Alamiro Rojas, hoy la misma, constituida en casa familiar.
Los caminos pedregosos, gredosos y de arena le han dado paso al cemento y a construcciones acorde a los nuevos tiempos, llevándose con ellos los recuerdos, las historias y los cuentos de un tiempo que no volverá y que el pueblerino actual asentado en el sector siente con nostalgia y pena profunda el cambio al cual han sido transportados.
(*): Profesor de Universidad de Concepción
Nota: Formado en casa universitaria penquista
Fotografías: Archivos Ramón Lizana G.

































































































