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Literatura

EL TORO DE ORO Y LA DONCELLA

Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Mario Isidro Moreno (*) – 06.06.2026

Numerosas leyendas que se escuchan en la Región de Magallanes, se originan en países de los cuales provienen las corrientes migratorias que han arribado a esta zona del mundo. Un ejemplo de ello es el cuento del Toro de Oro y la Doncella, que se ha hallado en el sector de los Cuernos del Paine. Originalmente, la narración podría provenir de la leyenda española de origen Moro, “El Toro de Oro de Lanaja, en Aragón”. Según refiere la leyenda, el toro de oro no es tal, sino una doncella encantada que se convirtió en ese animal bovino y habita en los cerros del sector.  Se trata, al parecer, de una princesa mora que fue perseguida por un caballero cristiano, seducido por la belleza de la mujer. Pero ésta, para defenderse, se convirtió en toro y atacó al caballero. La princesa mora no podía sospechar entonces que se quedaría convertida en un toro de oro para siempre, sin que haya podido ser localizada hasta nuestros días. También,  podría  derivarse de la Leyenda del Domuyo, de los Mapuches. La historia se basa en la observación de los lugareños, quienes afirman que el Cerro se enoja en cuanto advierte que un forastero comienza su escalamiento a pie o asciende a caballo. La demostración de su cólera, con rodados, truenos y rayos,  es para impedir que se llegue a conocer un encantamiento que celosamente guarda en la cumbre. Junto a la laguna, hay una hermosa joven rubia que se distrae peinándose con un peine de oro. La doncella es protegida por un toro colorado. El toro es el que arroja las piedras y  con sus corridas y resoplidos, despierta el trueno y origina el rayo.

En la región del Parque Nacional Torres del Paine, la historia se conoce de la siguiente manera: “Hernán Roa Fonseca, campañista de la estancia La Cumbre, de Oscar “Chicho” Vidal Gómez, tenía como “yunta” a su compañero de trabajo Arcadio Alvarado. Ambos habían cumplido con su servicio militar en el Regimiento Lanceros de Puerto Natales, luego de lo cual fueron contratados por el dueño de los campos ganaderos ubicados en el sector del valle de los Baguales Encontraron en “Chicho” Vidal un patrón de excelencia a lo cual ellos correspondieron con una dedicación absoluta a sus labores campesinas. Y así pasaron los años. Cierto día, llegó a la estancia un pasajero montado, al cual invitaron a compartir un mate, bebida clásica de la Patagonia. Una vez presentados, el hombre desmontó a duras penas demostrando con el cansancio que había tenido una larga cabalgata. Al tomar asiento en un diván forrado en un género rojo, el visitante lanzó un grito de angustia llevándose las manos a una de sus piernas, mientras exclamaba: -¡Señor Roa, señor Roa, quiero acalambrarme! -¡Acalámbrese con toda confianza nomás mi amigo, haga cuenta que está en su casa!-respondió muy atento el anfitrión. El visitante, una vez atendido, les confidenció: -Por la gentileza que ustedes han tenido conmigo, les voy a contar algo que lo supe en estos días. Se los voy a decir, porque me parece que ustedes pueden investigar si esto es cierto o es una patraña. -Desembuche nomás amigo-lo apresuró Arcadio. –Somos todo orejas. -Me contaron que en los cerros de Los Cuernos del Paine, hay un Toro de Oro que cuida a una preciosa niña. ¿No les gustaría encontrarlos? -¿Al toro o a la niña?-consultó Roa. -Lo que es yo, me gustaría encontrar al toro-dijo Arcadio, y agregó: -a esta altura la niña sólo me serviría para que me cebara el mate, mientras que el toro lo pillaría, lo faenaría y lo gastaría de a poco en farrear con mi amigo Hernán.

Planificaron el viaje que ambos harían en dirección a los Cuernos del Paine, lugar indicado como morada del toro y la muchacha. Un día partieron llevando un cocaví de pan de casa, unos alones fiambres de ñandú y por supuesto la yerba, el mate y la pava, además de una botellita de ginebra para ponerle “malicia” a la bebida por si acaso hacía frío. Cortaron camino por las Tetas de las Chinas y más adelante pasada la laguna Azul rodearon el lago Nordenskjold por su parte norte, enfilando rumbo hacia los Cuernos que ya se divisaban imponentes. Muy cerca del macizo, divisaron un hermoso ejemplar bovino que pastaba en las inmediaciones.-¡Separémonos compañero!-le pidió Roa a su amigo. -¡Yo me voy por la izquierda-le respondió Alvarado. Este último perdió el rumbo y lo último que divisó en la lejanía, fue a su compadre Hernán Roa, galopando en su caballo tras el toro de oro, en dirección a la montaña.

¿Qué pasó con Hernán Roa? Fue la pregunta que le hicieron a Arcadio cuando volvió sólo a la estancia la Cumbre. El hombre no pudo responder y su compañero nunca más apareció y el único vestigio que dejó, fue una figura oscura que se puede observar desde la distancia en uno de los Cuernos del Paine, la cual muestra la grupa de un caballo y el cuerpo de un jinete que va ingresando en la montaña.

(DE MI ÚLTIMO LIBRO “MITOS Y LEYENDAS DE ÚLTIMA ESPERANZA”)

(*): Investigador, folclorista y escritor – Colchagüino que desde 1967 está radicado en tierras magallánicas.

Fotografías: Gentileza MIM.

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