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Emergencias

La columna de Kari: Pichilemu no está construido sobre roca

Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Karina Zapata Peña (*) – 24.07.2026

Pichilemu no está construido sobre roca. Está construida sobre memoria de agua. Donde hoy hay una casa, hubo un humedal que sabía exactamente adónde ir cuando el cielo se abría. Donde hoy hay un negocio, un río tenía su cauce marcado desde antes de que existiera el primer plano regulador. El agua no olvida su camino. Solo espera.

Lo que llamamos terreno firme aquí es, en realidad, un alquiler. Pagamos con permisos de construcción, con guías ambientales firmadas sin leer, con la ilusión de que el invierno pasado fue el peor que veremos. Y en cualquier momento el dueño real del terreno vuelve a cobrar. Se lleva la casa, el negocio, el auto.

A veces se lleva una vida.

La deuda del territorio

Pichilemu no tiene un problema de agua. Tiene cuatro: humedales, ríos, lagunas y mar. Cada uno con su propia memoria, cada uno reclamando su espacio tarde o temprano.

Pero aquí hay algo que también hay que decir con la misma fuerza: donde esos humedales han sido respetados, donde nadie invadió su borde ni intentó rellenarlos para construir encima, han cumplido su función sin fallarle a nadie. Absorben, amortiguan, drenan. Nos han cooperado. La diferencia no la puso la naturaleza — la pusimos nosotros, cada vez que decidimos si convivir con ella o construirle encima. Quienes hoy están mal parados no son víctimas de un humedal traicionero: son víctimas de haber ocupado un espacio que nunca dejó de ser suyo.

Esa es la lección que vale la pena sostener: si respetamos estas formas de la naturaleza, ella nos sostiene de vuelta. Ahí hay futuro — para nosotros y para los hijos de nuestros hijos. Pero ese futuro no se hereda solo, se protege ahora, con decisiones que hoy no se están tomando.

Los que sabían

Hay una ficción cómoda que Chile repite cada invierno: que el desastre es impredecible, que nadie pudo verlo venir. Es mentira. Y es una mentira que tiene autores.

Antes de que una excavadora toque un humedal, alguien firmó. Un cambio de uso de suelo pasa por un municipio, por una Seremi, por un servicio de evaluación ambiental que tuvo el estudio de impacto sobre el escritorio y decidió que estaba bien. Esa firma tiene nombre, tiene cargo, y hoy no responde por las casas que el agua se llevó.

Las constructoras tampoco son ciegas. Tienen ingenieros, estudios de suelo, la geografía documentada antes del primer pilar. Cuando construyen igual sobre un cauce histórico o una ladera inestable, no es un error de cálculo: es una apuesta a que el desastre le toque a otro.

Y están las normas que existen en el papel pero no en la práctica, porque lo que falta, sistemáticamente, es la fiscalización a tiempo. Una norma que no se fiscaliza no protege a nadie: es puro decorado legal.

Mientras el ciudadano común no entienda que plan regulador, estudio de impacto ambiental y permiso de edificación son palabras que deciden si vive o pierde todo, seguirá creyendo que esto es mala suerte. No lo es. Es un asunto de quién firmó, quién construyó y quién no fiscalizó — y ninguno de los tres ha pagado lo que le costó a las familias que hoy no tienen dónde volver.

La factura

Esto ya cobró vidas. No solo casas, no solo negocios: personas. Y cada vida perdida en una tragedia anunciada es una factura que alguien firmó sin su consentimiento. Los millones que hoy se destinan a reconstruir no son inversión: son la repetición del mismo error, con otro nombre, esperando un resultado distinto la próxima vez. No lo habrá, mientras las decisiones sigan en las mismas manos.

Cierre

No hay final feliz que ofrecer aquí, porque ofrecerlo sería mentir. Pero tampoco hay que ofrecer solo temor, porque la naturaleza ya nos mostró la otra cara: donde se le respeta, coopera. Donde se le invade, cobra.

La pregunta que le queda a Pichilemu, y a Chile entero, no es si va a volver a llover fuerte — eso ya sabemos que va a pasar. La pregunta es si las autoridades que autorizan, las constructoras que construyen y los organismos que deberían fiscalizar van a seguir actuando como si el agua tuviera memoria corta. La tiene larga. Y nosotros, si queremos un futuro para los hijos de nuestros hijos, tenemos que tenerla igual de larga: recordar que lo que hoy llamamos tuyo nunca dejó de ser un préstamo, y que el respeto por ese préstamo es la única forma de que no nos lo quiten.

(*): Estudiante Administración en CFT Pichilemu, emprendedora, cuidadora y part-time de lo que aparezca, multimasking por necesidad y TDAH funcionando como navegador con 20 pestañas abiertas.

Fotografía/Imágenes: Gentileza de KZP

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