
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Ramón Lizana Galarce (*) – 02.08.2026
Cruzando la medianía del siglo XIX "Agustín Ross Edwards", diplomático y empresario chileno al observar la zona costera de Pichilemu concibió la idea de construir un "Puerto" a objeto de competir con el ya consolidado Puerto de Valparaíso. Los estudios realizados no aconsejaron llevar a cabo tal proyecto dado que la barra y la profundidad del mar en el lugar no cumplían con los requisitos mínimos para embarcaciones de gran calado. En razón de ello orientó su idea hacia la creación de un balneario con características muy especiales y al más puro estilo europeo.
Su visión comenzó a materializarla adquiriendo primero parte del "Fundo San Antonio de Petrel", unas 300 hectáreas que abarcaban desde la playa por el Norte hasta las proximidades de Punta de Lobos por el Sur y de ahí hasta las propiedades de Laureano Gaete y Ninfa Vargas por el Oriente.
Al inicio edifica una esplendorosa vivienda, la misma que utilizaría para recibir a sus futuros veraneantes siendo ésta el "Hotel Empresa Pichilemu" con 25 habitaciones todas ellas con baño privado. Una extensa galería, cocina y salones para ser utilizados como comedores y salones de baile, además de un Oratorio para atender las necesidades de la fe y de la misma forma un antejardín con nacientes árboles y flores de diversas especies.
Cruzando la calle La Marina proyectó un "Parque" cercado con balaustros de casi dos hectáreas cubierto de palmeras phoenix canariensis, azucenas, flores y prados además de un vivero de plantas de distintas especies. En su centro una "Glorieta" para realizar actividades musicales emulando las plazas europeas y un kiosko para la venta de golosinas y bebestibles.
En el lado 0riente del Hotel construyó un inmueble para instalar un "Gasógeno" y producir gas combustible y un "Gasómetro" que almacenaba el gas con lo cual podía alimentar con energía tanto al Hotel, la calle La Marina, los chalets y otras instalaciones del entorno, además de las lámparas y estufas a kerosene que complementaban el alumbrado de las habitaciones y salones.
Al lado del Gasógeno aprovechando las características del terreno habilitó una entrada hacia el "Bosque" donde incorporó además de los existentes, eucaliptos, pinos, palmeras, peumos, boldos y quillayes entre otros en una extensión de un poco más de un kilómetro. En el mismo lugar construyó un chalet que cobijó a Evaristo Merino Cuevas e instaló mesas y asientos rústicos aprovechando las maderas de los árboles a objeto de que los veraneantes pasearan y realizaran picnics por el sector.
Frente a la entrada al bosque edificó un inmueble imitando a los palacios o castillos franceses, el mismo que inicialmente funcionaría como "Almacén y Oficina de Correos y Telégrafos" y posteriormente como "Casino de juegos" para el entretenimiento de sus invitados.
Hacia el Poniente construyó largas escalinatas hasta alcanzar la playa. Un inmueble denominado el "Kiosko" próximo a los balaustros que alcanzaban hasta las terrazas donde se podía disfrutar tortas, pasteles, confites y una variedad de exquisiteces. En el mismo lugar funcionó inicialmente el Casino de juegos siendo trasladado posteriormente al edificio del Almacén, Correos y Telégrafos. También, en el mismo lugar se instaló un laboratorio fotográfico para cubrir las exigencias de los veraneantes y por último, hacia el costado izquierdo, en la explanada inferior se crearon dos canchas de tenis para la práctica del deporte blanco, juego exclusivo de los grupos elitistas del viejo continente.
En la explanada superior "Las Terrazas", emparejó una extensa área donde se podía disfrutar de memorables bailes y paseos aprovechando el clima veraniego.
Junto a las escalinatas sobre las terrazas ubicó los "Baños Tibios" preparados con agua de mar para beneficio del cuerpo y ofrecido al turista en tinas de baños pudiendo el cliente permanecer en el recinto el tiempo que estimara conveniente.
En dirección a la Puntilla, al final de la explanada de las terrazas instaló una línea de "Vestidores" los mismos que se utilizaban para el cambio de vestimenta una vez que el turista disfrutaba de las aguas del Pacífico.
En la Puntilla misma sobre una gran meseta de roca firme instaló un "Barco Mirador" construido con maderas nobles y una sólida estructura de cemento a cuyo fin el veraneante pudiese disfrutar de las puestas de sol y servirse el té de las cinco tan propio del mundo inglés.
A continuación del Hotel por la calle La Marina edificó cuatro "Chalets" todos al mismo estilo europeo para uso exclusivo de familias que buscaban privacidad durante su estadía en el balneario.
En las proximidades del Gasógeno, tras el Hotel, montó una "Lavandería" para cubrir el servicio de lavado de la lencería de cama, ajuares y vestimenta del turista que lo precisara.
Sobre la misma vía en dirección al Sur ubicó las "Caballerizas", un gran galpón que servía para atender una gran cantidad de caballos, los mismos que formaban parte del quehacer turístico ofrecido al veraneante para que recorriese la zona.
Unos kilómetros más al Sur complementó su visión con un criadero avícola denominado "Las Gallineras" en donde con agua fresca y alimento concentrado alimentaban las aves que abastecían las necesidades del Hotel Empresa Pichilemu y demás lugares comestibles dispuestos para el visitante.
Unos trece kilómetros hacia el Sur en el pueblo lacustre de Cáhuil adquirió alrededor de cincuenta pequeñas parcelas convirtiéndolas en el "Fundo Millaco". Luego de ello construyó una "Casa Patronal" y de la misma forma instaló una gran "Bodega" en la calle principal de Cáhuil con el firme propósito de almacenar la sal producida en el sector y exportarla posteriormente a distintos puntos del país.
El sueño de Agustín Ross Edwards culminó en 1926 fecha en que él muere y que coincide con la llegada del tren a Pichilemu, gestión de la cual fue impulsor y partícipe en el Parlamento hasta lograr la concreción del anhelado sueño de que el tren alcanzara hasta Pichilemu.
Toda la infraestructura que con tanto esfuerzo levantó Agustín Ross Edwards ha desaparecido o bien se encuentra en ruinas sin que las autoridades elegidas para cuidar el patrimonio de todos muestren un mínimo interés por gestionar su recuperación.
(*): Profesor U- de Concepción (formado en esa casa de estudios penquista).
Fotografías: Archivos “Pichilemunews”.





































































































