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Columnista

La columna de Kari: Las preguntas que nadie le hace a Vanessa Kaiser

Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Karina Zapata Peña (*) – 12.09.2026

Por una mujer que vive del sueldo mínimo en un pueblo de Chile

No tengo doctorado. No tengo apellido que abra puertas en el Senado. No tengo un hermano que me consiguiera un cupo. Tengo algo que a usted, senadora Kaiser, parece que se le olvidó en el camino: sé, en carne propia, lo que separa un sueldo mínimo del costo real de la vida. Y sé que en esa diferencia cabe perfectamente el cuidado de un hijo. Así que le voy a preguntar de mujer a mujer, no de electora a autoridad, porque a usted no la elegí yo.

Primera pregunta: ¿de qué trabaja usted antes de septiembre de 2026?

Reviso su hoja de vida y encuentro esto: periodista, columnista de El Líbero y El Mostrador, doctora en Ciencia Política y Filosofía, directora ejecutiva de un centro de estudios que fundó su propio círculo. Entró a la política en 2021 como concejala de Las Condes. Y usted misma se lo contó a The Clinic: entró al Senado porque su hermano Johannes "necesitaba un Congreso" y porque negoció su candidatura a cambio de que él dejara de fumar.

Esa es una historia simpática para una entrevista de revista. Es un problema serio cuando la persona que la protagoniza hoy preside la Comisión de Familia, Infancia y Adolescencia del Senado. Porque ahí no estamos hablando de una vocación de años construida en terreno, en un jardín infantil, en un consultorio, en una junta de vecinos. Estamos hablando de un cupo familiar.

¿Cuál fue su mérito, senadora, más allá del apellido que comparte con dos senadores y un activista de armas?

Segunda pregunta: ¿su historia se parece a la mía, o solo se la parecen los años difíciles?

Voy a ser justa, porque si no lo soy, esto deja de ser periodismo y pasa a ser panfleto. Encontré que usted, a los 30 años, estaba separada y con tres hijos mientras cursaba un doctorado. Encontré que en 2022 dejó su cargo de concejala porque su hijo menor enfermó de síndrome de Sydenham y quedó meses en silla de ruedas. Encontré, en un reportaje de La Tercera, que su infancia tuvo episodios de negligencia y un hogar disfuncional que la obligó a criar a sus hermanos antes de tiempo. Eso es real, es duro, y no se lo voy a quitar.

Pero ahí se termina el parecido entre su biografía y la mía. Porque desde esa dureza, usted construyó dos doctorados en la Universidad Católica, una cátedra universitaria sobre Hannah Arendt, columnas en El Líbero, un centro de estudios que dirige, y una candidatura que llegó por petición directa de su hermano —el fundador del partido, el ex candidato presidencial—. Yo, desde una dureza parecida, construí un currículum de vendedora de retail, de trabajos de temporada estival en mi pueblo, de reinventarme cada marzo según la realidad laboral del mismo pueblo: sala cuna en el retail porque ahí el marco legal me alcanzaba a cubrir, y en el pueblo según lo que la situación laboral del propio gobierno local decidiera ofrecer ese año. Las dos salimos de un lugar difícil. Solo una de las dos terminó en el Senado, y no fue por el mérito de defender causas de mujeres como yo: fue por apellido, por círculo académico de elite y por una negociación familiar sobre un cigarrillo.

¿Qué proyecto suyo, en veinte años de carrera, estuvo dirigido a una mujer que no tiene doctorado ni columnas ni hermano senador?

Tercera pregunta: ¿cuál es su aporte concreto, no su declaración?

Llevo semanas buscando el proyecto de ley con su firma que haya beneficiado a una madre trabajadora, a un niño en situación de vulneración, a una familia de La Araucanía que la eligió. No lo encontré. Lo que encontré fueron declaraciones: que quiere eliminar toda ley que tenga la palabra "género", que quiere ser "la primera ministra en la historia de Occidente" de un ministerio que defienda a los hombres, que firmó la Carta de Madrid —ese documento de la ultraderecha española que califica a los movimientos de izquierda como parte de un "proyecto criminal"—.

Son seis meses de mandato. Es corto, se lo concedo. Pero en esos seis meses su actividad más visible no ha sido legislar: ha sido salir en video a decirle a las mujeres trabajadoras de este país que el Estado les va a quitar a sus guaguas.

¿Dónde está el proyecto de ley, senadora? Porque videos en redes tengo hartos.

Cuarta pregunta: si preside la comisión de infancia, ¿por qué miente sobre infancia?

Esto no es opinión mía. El Senado aprobó una indicación al proyecto de Sala Cuna Universal que modifica el artículo 203 del Código del Trabajo: los niños y niñas menores de dos años tienen derecho a acceder a sala cuna mientras su madre o padre trabaja. El texto no obliga a nadie. No sanciona a quien no use el beneficio. No le da al Estado ninguna facultad para separar familias —eso existe, pero es otra ley, con tribunales de familia, causales de maltrato grave y la Defensoría de la Niñez de por medio, nada que ver con esto—.Usted salió a decir que el Estado nos "quitará a los niños desde los 0 a los 2 años". La propia senadora Beatriz Sánchez, autora de la indicación, tuvo que salir a aclarar que es un derecho, no una obligación. Fast Check lo calificó como falso. La Defensoría de la Niñez le respondió. Medios de distintas líneas editoriales —BioBioChile, El Periodista, El Sol de Iquique— documentaron lo mismo: usted difundió una afirmación que el propio texto de la ley contradice.

Si preside la comisión que debería proteger a la infancia, ¿por qué su primer gesto público sobre una ley de infancia fue una mentira?

Lo que su video no cuenta

Vengo de un pueblo, no de Santiago. Ahí, los jardines infantiles del Estado son prácticamente lo único que existe, y la población sigue creciendo. Trabajé en retail, y en esa época la sala cuna la terminaba pagando yo, de mi propio bolsillo. La ley dice que es un derecho, senadora, pero con un sueldo mínimo —cualquiera que sea, y usted sabe perfectamente la brecha que hay entre ese sueldo y el costo real de la vida en este país— pagar una sala cuna o una cuidadora en casa no es un derecho: es una utopía para quien sostiene un hogar sola. En mi pueblo casi no hay empresas que financien sala cuna, así que el "derecho" que usted salió a distorsionar en un video ni siquiera llega a existir en la práctica para la mayoría de nosotras.

Ese es el problema que usted debería estar legislando: por qué un derecho escrito en el Código del Trabajo no llega a un pueblo como el mío. En vez de eso, salió a instalar el miedo de que se lo quitarían. Cambió una crítica incómoda para usted —¿por qué el Estado no garantiza lo que la ley promete fuera de Santiago?— por un pánico que no le exige responder nada.

¿Por qué es más fácil para usted asustarme con una mentira que ayudarme a que la ley que sí existe llegue a mi pueblo?

Quinta pregunta: ¿con qué autoridad me habla de maternidad?

No le voy a discutir su derecho a tener una opinión sobre el aborto, la familia o el rol del Estado. Tiene todo el derecho, faltaba más. Lo que le voy a discutir es la autoridad moral con la que pretende darle cátedra a las mujeres de este país sobre cómo vivir su maternidad, viniendo de un sector político —el suyo, el de su propio partido y sus aliados— que impulsó el proyecto "Escucha tu Corazón", pensado para que una mujer que decide interrumpir un embarazo dentro del marco legal chileno tenga que escuchar el latido fetal antes de hacerlo. No le voy a atribuir palabras que no le encontré dichas a usted personalmente sobre ese proyecto en particular —eso sería tan deshonesto como lo que usted hizo con la sala cuna—, pero sí es la agenda de la coalición que representa, y una encuesta Criteria mostró que hasta un 40% de la propia derecha lo rechaza.

¿Con qué cara me exige a mí, que lavo platos y crié a mis hijos sin doctorado ni apellido, que escuche discursos sobre maternidad de gente que legisla el cuerpo de las mujeres sin haber caminado un día en nuestros zapatos?

La pregunta final

No la voy a acusar de cosas que no puedo probar. No voy a decir que tiene "poderes ocultos" ni voy a inventarle intenciones. Le voy a decir lo que sí es verificable: usted llegó al Senado por apellido, no ha mostrado en seis meses un aporte legislativo propio y verificable, y en su primera intervención pública sobre una ley de infancia —la materia que preside— distribuyó información falsa que tuvo que ser corregida por sus propias colegas de Senado.

Eso no la hace una villana de telenovela. La hace una autoridad que le debe una explicación al país, no un video más.


Nota: este texto se basa en hechos verificados por fuentes periodísticas (BioBioChile, Fast Check, El Periodista, Ex-Ante, El Mostrador, Senado de Chile, Biblioteca del Congreso Nacional) citadas en la conversación previa a este texto. Las interpretaciones y preguntas son de la autora.

(*): Estudiante Administración en CFT Pichilemu, emprendedora, cuidadora y part-time de lo que aparezca, multimasking por necesidad y TDAH funcionando como navegador con 20 pestañas abiertas.

Imágenes: Gentileza KZP. 

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