
Fuente: www.pichilemunews.cl – Por: Karina Zapata Peña (*) – 11.06.2026
Temporada estival Cada verano, Pichilemu se llena de vida. Los negocios abren más horas, los restaurantes buscan refuerzo y cientos de jóvenes consiguen su primera experiencia laboral. Es casi un rito de paso. Pero hay una pregunta que nadie formula en voz alta: ¿llegan preparados?
No hablo de habilidades blandas ni de actitud. Hablo de algo más básico. ¿Saben qué debe decir un contrato antes de firmarlo? ¿Distinguen una boleta de honorarios de una relación laboral dependiente? ¿Saben que trabajar un domingo tiene un recargo mínimo del 30% sobre el sueldo ordinario, o que hacer un turno de noche puede implicar un pago diferenciado? ¿Saben cuántos días hábiles tiene el empleador para entregarles el finiquito cuando termina el contrato?
He escuchado estas dudas muchas veces. No solo en jóvenes de 18 años. También en adultos de 35, en trabajadores de temporada, en personas que firman documentos que no comprenden del todo porque necesitan el ingreso. La incertidumbre no tiene edad.
Y ahí surge la pregunta incómoda: ¿en qué momento se supone que aprendemos estas cosas?
El Código del Trabajo chileno establece derechos y obligaciones claras para ambas partes. El problema no es la ley. El problema es que miles de jóvenes terminan la enseñanza media sin haber tenido una sola conversación sobre esto. No en el aula, no en orientación, no en ningún ramo que los prepare para lo que viene apenas unos meses después de salir del liceo.
Entonces, ¿quién enseña? ¿Los amigos? ¿Los padres, si ellos mismos lo aprendieron a golpes? A veces llega como una pincelada en alguna clase de orientación que nadie recuerda bien. Y sin embargo, estas materias tienen un lugar en el currículum de enseñanza media. El desafío es que lleguen de verdad a los estudiantes, con casos concretos, con preguntas reales, antes de que la vida les pase la cuenta.
Si usted está leyendo esto y tiene un hijo, una hija, un nieto o un sobrino que trabajará esta temporada, le propongo un ejercicio: pregúntele si sabría leer un contrato antes de firmarlo. Si sabría qué hacer si le pagan menos de lo acordado, si le corresponde un recargo por trabajar en domingo, o cuántos días hábiles tiene el empleador para poner el finiquito a su disposición cuando termina la relación laboral. Pregúntele si conoce el portal Mi DT, donde puede hacer consultas o denuncias de forma gratuita y confidencial.
Las respuestas pueden sorprenderle.
No se trata de desconfiar de los empleadores. La mayoría cumple. Se trata de algo más simple y más poderoso: un trabajador que conoce sus derechos y sus obligaciones es un interlocutor más claro, más seguro y menos vulnerable a malentendidos que muchas veces se resuelven mal por simple desconocimiento.
La educación laboral no debería comenzar el primer día de trabajo. Podría comenzar antes, en los liceos, en una conversación de mesa familiar, o en un artículo como este.
Usted ya está pensando en eso. Eso lo pone un paso adelante.
(*): Estudiante Administración en CFT Pichilemu, emprendedora, cuidadora y part-time de lo que aparezca, multimasking por necesidad y TDAH funcionando como navegador con 20 pestañas abiertas.
Imágenes: Gentileza KCL.




































































































